Hoy me ha tocado trabajar de noche. Luego de una pesada siesta, me levanto, doy un baño y salgo rumbo al paradero. No tarda mucho en llegar el carro, me subo y apoltrono en un asiento, prendo el mp3, cierro los ojos y decido olvidarme de todo. Cuando se produce un pequeño silencio mientras pasa de una canción a otra, siento una voz rara, quejumbrosa. Pongo pausa para escuchar mejor pero no logro captarlo bien, la curiosidad me vence y decido abrir los ojos: es un ciego dando un discurso más triste que un lunes por la mañana, de pronto parece que "me mira" y siento un tanto de verguenza así que desvío la mirada.
Luego de terminar con su discurso lastimero no parece convencer a nadie (cuando pasa por el dinero –irónicamente- todos fingen no verlo), nos da la espalda y resignado decide bajar sin quejarse de nada, incluso casi tropieza con un maletín que algún distraído no retiró del camino.
Por alguna inexplicable razón (como casi todo en mi vida) decido llamarlo para darle unas monedas, el tipo voltea, esquiva el maletín (y yo lo admiro por esa buena memoria, yo con mis dos ojos en funcionamiento seguramente me volvía a tropezar con el maletín) y se acerca a mí estirando su brazo, yo le pregunto cómo es que sabe fui yo el que lo llamó. Detiene su brazo y lo lleva hacia su cara, se despoja de sus lentes oscuros y me mira (ahora si de verdad) y me dice "misio de mierda, tanto tienes que preguntar para dar unas cochinas monedas", atrás mío una vieja grita "milagro, le ha vuelto la visión, yo sabía que mi San Judas Tadeo no tenía causas imposibles" y un señor que está a su lado y parece ser su esposo la grita: "calla vieja cojuda, no te das cuenta que es un estafador, deja de joder con tus santos o en todo caso pídeles que te lleven con ellos". Toda la gente estalla en risa, vuelvo a ponerme los audífonos y a cerrar los ojos mientras juro no abrirlos hasta llegar a mi destino.
jueves, 16 de julio de 2009
jueves, 9 de julio de 2009
LA VENGANZA
Nunca resignes tu venganza, jamás las olvides, no la des por perdida, no te relajes. Si alguien te jodió, dañó o cualquier cosa parecida, cóbrasela alguna vez. Tarde o temprano llegará el tiempo de hacer justicia por tus propias manos.
Si alguien te jode, jódelo. No pongas la otra mejilla, deja esa tontería para los cobardes creyentes, tú sólo cree en ti y en tu venganza, tu justiciera venganza.
Eso sí, sé paciente, tómate tu tiempo, no te apresures, deja que cada plazo se venza, no desesperes, la paciencia es la mejor aliada de una buena venganza. Puede que tardes uno, dos, diez o treinta años pero la venganza te dará tu oportunidad.
No hagas caso de quienes dicen que la venganza es mala, esos son unos cobardes que no tienen el valor de desquitarse, aléjate de ellos, a su lado sólo tendrás derrotas, humillaciones y jamás justicia, justicia real, no la tonta justicia divina.
Apela a cualquier método para lograr tu cometido, cualquier camino es válido, no desmayes. Si la persona que te hizo daño cree que estás derrotado, deja que siga creyendo eso. Si cree que te mató, finge tu muerte. No escatimes recursos, el fin justifica los medios y los miedos.
Si es posible, finge que lo has perdonado, hazte -una vez- más su amigo, su amante, su servidor, su esclavo. Que se crea que estás de su lado, que crea que eres un tipo que perdona, un pusilánime sin orgullo, es lo mejor, que se crea el poderoso, cuanto más se lo crea, más grande será tu satisfactoria venganza.
Y el día que te toque cobrártelas todas, ese día será tu día. No te compadezcas, no te apenes, no te doblegues, al contrario, envilece tu alma, sé un tipo bárbaro, atroz, maldito, inmisericorde, vengativo, justiciero. No te dejes convencer por sus gemidos ni sus lágrimas, recuerda que alguna vez tú lloraste igual y a él no le importo. ¿Por qué habría de importarte ahora a ti?
Ten presente que la venganza es el camino más largo hacia la felicidad pero el más satisfactorio.
Una vez consumada la venganza, siéntate un tiempo a descansar, te lo mereces, disfruta del triunfo conseguido y quédate seguro que de ese momento en adelante, lo volverán a pensar antes de joderte.
Si alguien te jode, jódelo. No pongas la otra mejilla, deja esa tontería para los cobardes creyentes, tú sólo cree en ti y en tu venganza, tu justiciera venganza.
Eso sí, sé paciente, tómate tu tiempo, no te apresures, deja que cada plazo se venza, no desesperes, la paciencia es la mejor aliada de una buena venganza. Puede que tardes uno, dos, diez o treinta años pero la venganza te dará tu oportunidad.
No hagas caso de quienes dicen que la venganza es mala, esos son unos cobardes que no tienen el valor de desquitarse, aléjate de ellos, a su lado sólo tendrás derrotas, humillaciones y jamás justicia, justicia real, no la tonta justicia divina.
Apela a cualquier método para lograr tu cometido, cualquier camino es válido, no desmayes. Si la persona que te hizo daño cree que estás derrotado, deja que siga creyendo eso. Si cree que te mató, finge tu muerte. No escatimes recursos, el fin justifica los medios y los miedos.
Si es posible, finge que lo has perdonado, hazte -una vez- más su amigo, su amante, su servidor, su esclavo. Que se crea que estás de su lado, que crea que eres un tipo que perdona, un pusilánime sin orgullo, es lo mejor, que se crea el poderoso, cuanto más se lo crea, más grande será tu satisfactoria venganza.
Y el día que te toque cobrártelas todas, ese día será tu día. No te compadezcas, no te apenes, no te doblegues, al contrario, envilece tu alma, sé un tipo bárbaro, atroz, maldito, inmisericorde, vengativo, justiciero. No te dejes convencer por sus gemidos ni sus lágrimas, recuerda que alguna vez tú lloraste igual y a él no le importo. ¿Por qué habría de importarte ahora a ti?
Ten presente que la venganza es el camino más largo hacia la felicidad pero el más satisfactorio.
Una vez consumada la venganza, siéntate un tiempo a descansar, te lo mereces, disfruta del triunfo conseguido y quédate seguro que de ese momento en adelante, lo volverán a pensar antes de joderte.
miércoles, 1 de julio de 2009
PALABRA DE DIOS
Nuevamente (y por enésima vez) ha subido un vendedor al carro, pero éste no es un vendedor común y silvestre, no, éste es un vendedor de otra categoría: nos vende a Dios, al Señor, al Todopoderoso, masterizado y digitalizado en sonido envolvente. Nos ofrece unos discos que el jura por Dios es la voz de Dios la que nos habla en ese disco (violando así el segundo mandamiento que nos indica no jurar en vano), claro que no nos explica cómo diablos consiguió que el Señor Todopoderoso ingrese a un estudio de grabación y nos deje para la posteridad ese testimonio y sin más coloca el disco en un aparato y a través de un parlante portátil empezamos a escuchar la voz del Creador (que misteriosamente se parece a la vez que sale en algunos programas del Discovery), así luego que Dios nos empieza a hablar de la madre, el detiene el disco y nos hace una reflexión acerca del tema y sigue en ese plan buen rato: Dios habla acerca de algo y el apuntala el tema con palabras propias, en una de esas que baja el volumen, no se da cuenta que ha subido un conjunto música ambulante a cantar al bus, el manager de Dios le dice que sean más educados, que el señor está hablando pero al parecer los músicos son ateos y se mandan con un alegre ritmo local a punta de charangos, quenas y zampoñas pero eso no parece intimidar al esbirro del Señor que sube más el volumen de su parlante y ahora Dios parece gritar por encima de la música andina y todo eso junto suena ahora a alguna rara mezcla de algún drogado DJ que ha fusionado el folklore andino con la voz del Dios, toda una fumada, una paja, un orgasmo de creación. En esas nos quedamos, Dios grita y los músicos se ponen más frenéticos con sus instrumentos, la gente se ha dividido en dos bandos: los seguidores del Señor y los seguidores la música, unos acompañan con alabanzas a Dios y otros con aplausos a los músicos.
Esta batalla entre el bien y el mal dura aproximadamente cinco minutos, pero como siempre sucede en las películas de ciencia ficción, al final venció Dios. Se impuso la máquina sobre el hombre, el parlante derrotó a los esforzados músicos, que blasfemando, deciden bajar del carro. El amanuense del Señor cae ahora de rodillas y grita ¡milagro¡ y algunos lo acompañan en ese sentimiento de agradecimiento y otros nos lamentamos y odiamos a Dios por ser tan malvado y no permitir que los músicos se lleven unas monedas. Luego de salir del estado casi cataléptico en que cayó por agradecer al Supremo Creador, se pone de pie y nos ofrece por cinco soles un disco de Dios, increíblemente algunos incautos se creen el cuento y compran uno. Cuando llega a mi lugar me ofrece uno:
-Yo no compro a estafadores.
-Blasfemo.
-Estafador.
-Ateo.
-Chupacirios.
-Descarriado.
-Borreguito.
-Mal elemento.
-Huele sotanas.
-Te irás al infierno.
-Después que tú.
Ofendido y sintiéndose Cristo crucificado y moribundo, alza la vista al cielo (en verdad alza la vista al techo del bus) y exclama "Señor, perdónalo porque no sabe lo que hace" y algunos asienten, "te lo pedimos Señor". El tipo se baja, algunos me miran mal y empiezan a abrir sus estuches y se dan con la ingrata sorpresa que están vacíos, que no hay disco dentro, que han sido estafados (una vez más en nombre del Señor). La señora de mi costado, que todo el tiempo me ha mirado como quien mira al demonio, ahora está avergonzada y me dice
-Me estafó, cómo voy hacer para escuchar a Dios.
-No se preocupe, Dios es muy grande y capitalista y está en todos lados, seguramente mañana mismo manda otro vendedor a que le venda otro disco.
Me mira con ojos de demonio y se persigna. Yo cierro los ojos y me regocijo de todos los que creyeron que Dios les hablaría alguna vez (y por un disco)
Esta batalla entre el bien y el mal dura aproximadamente cinco minutos, pero como siempre sucede en las películas de ciencia ficción, al final venció Dios. Se impuso la máquina sobre el hombre, el parlante derrotó a los esforzados músicos, que blasfemando, deciden bajar del carro. El amanuense del Señor cae ahora de rodillas y grita ¡milagro¡ y algunos lo acompañan en ese sentimiento de agradecimiento y otros nos lamentamos y odiamos a Dios por ser tan malvado y no permitir que los músicos se lleven unas monedas. Luego de salir del estado casi cataléptico en que cayó por agradecer al Supremo Creador, se pone de pie y nos ofrece por cinco soles un disco de Dios, increíblemente algunos incautos se creen el cuento y compran uno. Cuando llega a mi lugar me ofrece uno:
-Yo no compro a estafadores.
-Blasfemo.
-Estafador.
-Ateo.
-Chupacirios.
-Descarriado.
-Borreguito.
-Mal elemento.
-Huele sotanas.
-Te irás al infierno.
-Después que tú.
Ofendido y sintiéndose Cristo crucificado y moribundo, alza la vista al cielo (en verdad alza la vista al techo del bus) y exclama "Señor, perdónalo porque no sabe lo que hace" y algunos asienten, "te lo pedimos Señor". El tipo se baja, algunos me miran mal y empiezan a abrir sus estuches y se dan con la ingrata sorpresa que están vacíos, que no hay disco dentro, que han sido estafados (una vez más en nombre del Señor). La señora de mi costado, que todo el tiempo me ha mirado como quien mira al demonio, ahora está avergonzada y me dice
-Me estafó, cómo voy hacer para escuchar a Dios.
-No se preocupe, Dios es muy grande y capitalista y está en todos lados, seguramente mañana mismo manda otro vendedor a que le venda otro disco.
Me mira con ojos de demonio y se persigna. Yo cierro los ojos y me regocijo de todos los que creyeron que Dios les hablaría alguna vez (y por un disco)
viernes, 26 de junio de 2009
DAR ES DAR
Es viernes, es marzo pero el verano sigue recio, implacable, ni durante la noche nos da una pequeña tregua. Como casi todos los viernes hoy me toca trabajar de noche y como casi todos los viernes por la noche, salgo retrasado y llego corriendo al paradero. Esta vez parezco estar de suerte ya que el carro no tarda en aparecer y hay muchos asientos disponibles, elijo el más cómodo, me pongo los audífonos y mientras avanza el micro voy observando la gente a través de la ventana.
Cuando devuelvo la vista al interior del carro veo que ya se llenó y sólo quedan dos asientos libres: el que está al lado de un borracho que se ha quedado dormido y el de mi costado. Un par de calles más allá sube una chica muy guapa que trae una minifalda (que deja ver sus fabulosas piernas), un polo descubierto por detrás (que deja ver su bella espalda) y unas sandalias que dejan ver sus bellos pies (lo admito sin rubor: los pies femeninos son uno de mis fetiches preferidos). Luego de vacilar entre el borracho o yo, termina eligiéndome y se sienta a mi lado, claro que yo he simulado no verla aunque en el fondo ella sabe que todos (hombres y mujeres) la hemos mirado, ya sea con deseo o envidia.
Mientras el carro sigue haciendo su ruta habitual, yo me siento orgulloso de las miradas de envidia que me dedican los demás hombres que van subiendo y bajando, al verme sentado junto a tamaño cuerito. Al rato, y cómo si ya el cielo no me hubiera premiado lo suficiente, el angelito en minifalda me habla, me pregunta la hora, yo quiero decirle que es la hora que a ella le dé la gana pero me contengo.
-Son ocho de la noche.
-Gracias.
No me dice nada más y yo me cocino los sesos tratando de pensar en algo para hablarle pero es nuevamente ella quien (re)inicia la conversación:
-¿Sabes si este carro pasa por Javier Prado?
-Si, y si no pasa, secuestro al chofer y lo obligo a que cambie su ruta.
-Jajajaja, gracias, eres gracioso.
-Lo mismo le dirás a todos.
-Nada que ver, no seas así.
Dice eso y me empuja por el hombro, el solo contacto de su mano contra mi hombro logra enervar mis hormonas, le sonrío y ella me hace un guiño. El amor se hace presente, ya casi la tengo conmigo, que viva el amor, es primavera en marzo, el amor cambia las estaciones. Nos dedicamos a preguntarnos varias cosas durante el camino, me siento cómodo con ella, cómodo y enamorado a decir verdad. En esas estamos cuando me pide algo que no esperaba:
-Sabes algo, por salir apurada de mi casa olvidé sacar mi cartera y no tengo para el pasaje, ¿crees que podrías pagármelo?
Sonrío, la miro embobado y le digo que si, que si quiere le pago un taxi, ella sonríe y acaricia mi mejilla. Cuando vuelvo a la realidad veo que ya está cerca mi paradero, le digo que acá me bajo, ella me susurra al oído que no olvide pagar el pasaje.
-Jamás.
-Gracias guapo, espero encontrarte otra vez.
-Dios te escuche y te complazca.
Avanzo hacia la puerta para bajar, el cobrador me detiene y me pide que pague el pasaje.
-Mi flaca lo va pagar.
-¿Cuál flaca?
-La que estaba junto a mí.
-Asu primo, ¿ese hembrón es tu flaca?
-Claro.
-Felicitaciones causita, mis respetos, no te preocupes, yo le cobro, puta que encima te paga el pasaje, suerte de los que no se bañan.
-Y eso que hoy me bañé.
Bajo del carro, volteo a verla, le mando un beso volado, ella me devuelve otro, veo que el cobrador se le acerca y le hago un gesto que todo está bien, me sonríe de nuevo y me manda otro beso. Me vuelvo a poner los audífonos y me cago de la risa mientras me la imagino discutiendo con el cobrador por el pasaje.
Cuando devuelvo la vista al interior del carro veo que ya se llenó y sólo quedan dos asientos libres: el que está al lado de un borracho que se ha quedado dormido y el de mi costado. Un par de calles más allá sube una chica muy guapa que trae una minifalda (que deja ver sus fabulosas piernas), un polo descubierto por detrás (que deja ver su bella espalda) y unas sandalias que dejan ver sus bellos pies (lo admito sin rubor: los pies femeninos son uno de mis fetiches preferidos). Luego de vacilar entre el borracho o yo, termina eligiéndome y se sienta a mi lado, claro que yo he simulado no verla aunque en el fondo ella sabe que todos (hombres y mujeres) la hemos mirado, ya sea con deseo o envidia.
Mientras el carro sigue haciendo su ruta habitual, yo me siento orgulloso de las miradas de envidia que me dedican los demás hombres que van subiendo y bajando, al verme sentado junto a tamaño cuerito. Al rato, y cómo si ya el cielo no me hubiera premiado lo suficiente, el angelito en minifalda me habla, me pregunta la hora, yo quiero decirle que es la hora que a ella le dé la gana pero me contengo.
-Son ocho de la noche.
-Gracias.
No me dice nada más y yo me cocino los sesos tratando de pensar en algo para hablarle pero es nuevamente ella quien (re)inicia la conversación:
-¿Sabes si este carro pasa por Javier Prado?
-Si, y si no pasa, secuestro al chofer y lo obligo a que cambie su ruta.
-Jajajaja, gracias, eres gracioso.
-Lo mismo le dirás a todos.
-Nada que ver, no seas así.
Dice eso y me empuja por el hombro, el solo contacto de su mano contra mi hombro logra enervar mis hormonas, le sonrío y ella me hace un guiño. El amor se hace presente, ya casi la tengo conmigo, que viva el amor, es primavera en marzo, el amor cambia las estaciones. Nos dedicamos a preguntarnos varias cosas durante el camino, me siento cómodo con ella, cómodo y enamorado a decir verdad. En esas estamos cuando me pide algo que no esperaba:
-Sabes algo, por salir apurada de mi casa olvidé sacar mi cartera y no tengo para el pasaje, ¿crees que podrías pagármelo?
Sonrío, la miro embobado y le digo que si, que si quiere le pago un taxi, ella sonríe y acaricia mi mejilla. Cuando vuelvo a la realidad veo que ya está cerca mi paradero, le digo que acá me bajo, ella me susurra al oído que no olvide pagar el pasaje.
-Jamás.
-Gracias guapo, espero encontrarte otra vez.
-Dios te escuche y te complazca.
Avanzo hacia la puerta para bajar, el cobrador me detiene y me pide que pague el pasaje.
-Mi flaca lo va pagar.
-¿Cuál flaca?
-La que estaba junto a mí.
-Asu primo, ¿ese hembrón es tu flaca?
-Claro.
-Felicitaciones causita, mis respetos, no te preocupes, yo le cobro, puta que encima te paga el pasaje, suerte de los que no se bañan.
-Y eso que hoy me bañé.
Bajo del carro, volteo a verla, le mando un beso volado, ella me devuelve otro, veo que el cobrador se le acerca y le hago un gesto que todo está bien, me sonríe de nuevo y me manda otro beso. Me vuelvo a poner los audífonos y me cago de la risa mientras me la imagino discutiendo con el cobrador por el pasaje.
viernes, 19 de junio de 2009
LOCOS
Cuando estoy en el micro, parado y agradeciendo que no esté tan lleno, veo que de pronto sube un tipo enorme, cuando miro bien noto que está sucio y con la ropa ajada, mierda, es loco, trato de hallar un asiento libre para guarecerme pero no hay nada.
El loco empieza a hablar:
"Yo sé señores y señoras y de los otros también, que a muchos de ustedes se le ponen los huevos o los ovarios de corbata según sea el caso de los que les brindó la sabia naturaleza, cuando me ven subir pensado que les voy a robar o violar pero, disculpen la sinceridad y si no la disculpan me llega altamente en verdad, les veo una cara de misios que me provoca prestarles dinero y en cuánto a la violación menos aún lo haría, las chicas acá presentes en verdad están más chancaditas que uvas en el Festival de la Vendimia así que no lo voy hacer, lo único que quiero es preguntarles algo apelando a la sinceridad que no los caracteriza pero como no tengo a quién preguntárselo me quedan ustedes, así que peor es nada o a falta de pan buenas son tortas y vaya al diablo el perrito y la calandria, pero díganme: ¿ustedes creen que este servidor está loco o es un cocoroco lo que toco o me equivoco?, vamos, no sean tímidos, hablen, utilicen sus lenguas viperinas"
Nadie sabe qué decir, el loco va de uno en uno preguntando, los que no responden les da un gran grito que incluso hace llorar a algunas chicas. Cuando llega mi turno me lo pregunta y yo con más susto que certeza le respondo que si.
-Si loco, estás más loco que nadie y hablas más cojudeces que Nakasaki.
El loco me mira fijo, abre más sus enormes ojos y da un gran grito:
-¡Si! por fin conchasumadres, por fin alguien me lo dice a la cara, por fin alguien confirma mis sospechas, lo supe desde niño pero nadie tuvo el valor de decírmelo así.
Me da un abrazo fuerte y me dice que soy lo máximo, que cuando quiera me espera en su casa y que no me preocupe, que ya habló con el chofer para que me lleve gratis todos los días. Yo estoy que me enveneno con el olor que emana, es un olor ha guardado, a antiguedad, añejo. Me suelta y se va dando saltitos, baja del carro y a través de la ventana veo que se agacha como un actor que ha hecho una gran faena en el teatro.
Volteo a ver a los demás que ahora simulan no haberse visto afectados por todo esto y pienso en quién está más loco, si ellos, el loco que sospechaba que estaba loco o yo que le dije al loco lo loco que está.
El loco empieza a hablar:
"Yo sé señores y señoras y de los otros también, que a muchos de ustedes se le ponen los huevos o los ovarios de corbata según sea el caso de los que les brindó la sabia naturaleza, cuando me ven subir pensado que les voy a robar o violar pero, disculpen la sinceridad y si no la disculpan me llega altamente en verdad, les veo una cara de misios que me provoca prestarles dinero y en cuánto a la violación menos aún lo haría, las chicas acá presentes en verdad están más chancaditas que uvas en el Festival de la Vendimia así que no lo voy hacer, lo único que quiero es preguntarles algo apelando a la sinceridad que no los caracteriza pero como no tengo a quién preguntárselo me quedan ustedes, así que peor es nada o a falta de pan buenas son tortas y vaya al diablo el perrito y la calandria, pero díganme: ¿ustedes creen que este servidor está loco o es un cocoroco lo que toco o me equivoco?, vamos, no sean tímidos, hablen, utilicen sus lenguas viperinas"
Nadie sabe qué decir, el loco va de uno en uno preguntando, los que no responden les da un gran grito que incluso hace llorar a algunas chicas. Cuando llega mi turno me lo pregunta y yo con más susto que certeza le respondo que si.
-Si loco, estás más loco que nadie y hablas más cojudeces que Nakasaki.
El loco me mira fijo, abre más sus enormes ojos y da un gran grito:
-¡Si! por fin conchasumadres, por fin alguien me lo dice a la cara, por fin alguien confirma mis sospechas, lo supe desde niño pero nadie tuvo el valor de decírmelo así.
Me da un abrazo fuerte y me dice que soy lo máximo, que cuando quiera me espera en su casa y que no me preocupe, que ya habló con el chofer para que me lleve gratis todos los días. Yo estoy que me enveneno con el olor que emana, es un olor ha guardado, a antiguedad, añejo. Me suelta y se va dando saltitos, baja del carro y a través de la ventana veo que se agacha como un actor que ha hecho una gran faena en el teatro.
Volteo a ver a los demás que ahora simulan no haberse visto afectados por todo esto y pienso en quién está más loco, si ellos, el loco que sospechaba que estaba loco o yo que le dije al loco lo loco que está.
viernes, 12 de junio de 2009
LA COFRADÍA DE LOS NÚMEROS
Luego de muchas postergaciones, al fin decido pintar mi habitación, las paredes lucen descascaradas y maltrechas, un par de manos de pintura las harían rejuvenecer. Luego de comprar todo lo necesario y desocupar mi habitación, emprendo la tarea. Todo transcurre con relativa calma hasta que una anotación con tinta azul sobre la pared llama mi atención: es un número telefónico pero no recuerdo de quién o cuándo lo anoté, decido olvidarlo de un brochazo pero algo hace que me contenga, curioso por saber algo más, lo memorizo, tomo el teléfono y marco el número.
-Aló
-Aló, este...
-¿Quién es?
-Mire, no sé cómo empezar.
-Generalmente se hace por el principio.
-Claro, mire el asunto es que estaba pintando mi habitación y encontré su número...
-Pintado en la pared, claro, venga, lo estamos esperando, ésta es la dirección...
Apunto apresuradamente sin preguntarle cómo sabía que estaba apuntado en la pared, cuando lo quiero hacer, ya ha colgado el teléfono. Decido seguir pintando pero una extraña angustia me lo impide, dejo todo, me doy un baño y voy en busca de aquella dirección.
Luego de una hora llego al lugar, es un edificio plomo, frío, con una antigua puerta de fierro. Toco el número del intercomunicador y por respuesta recibo el sonido metálico del seguro de la puerta abriéndose. Mientras subo la escalera puedo ver que todas las puertas están pintadas de negro salvo la que me indica la dirección que está revestida de una pintura ocre. Voy a tocar el timbre pero la puerta se abre y una voz empalagosa me invita a pasar, lo hago y me siento en unos muebles de terciopelo azul, fuera de eso sólo hay una mesa de centro, un cuadro con una figura indeterminada y unas botellas vacías sobre el piso. Ansioso como estoy, sólo atino a frotar mis manos contra mis muslos hasta que aparece una mujer de edad indescifrable y vestida de azul.
-Lo hemos estado esperando hace tiempo, ya nos estábamos preocupando.
-Sabrá usted disculparme, ya sabe, el trabajo, los estudios...
-No se preocupe, lo importante es que ya está con nosotros.
-Tiene razón.
Estira la mano y como caída del cielo aparece una chica que le entrega un sobre y se va como si flotara, sin hacerse sentir, no se va, "desaparece" en verdad. Me entrega el sobre y me dice que esperan sepa cumplir con mi tarea. Sin abrirlo acepto sus palabras y me despido con un gesto. En la calle abro el sobre y veo que hay una dirección, una llave y un lapicero azul. Me dirijo a la dirección, la llave encaja perfecta, abro y no hay nadie dentro de la casa, busco la habitación, anoto el número en la pared y me voy. Cuando regreso a mi casa lo primer que hago es borrar el número de mi pared de un brochazo y termino de pintar.
-Aló
-Aló, este...
-¿Quién es?
-Mire, no sé cómo empezar.
-Generalmente se hace por el principio.
-Claro, mire el asunto es que estaba pintando mi habitación y encontré su número...
-Pintado en la pared, claro, venga, lo estamos esperando, ésta es la dirección...
Apunto apresuradamente sin preguntarle cómo sabía que estaba apuntado en la pared, cuando lo quiero hacer, ya ha colgado el teléfono. Decido seguir pintando pero una extraña angustia me lo impide, dejo todo, me doy un baño y voy en busca de aquella dirección.
Luego de una hora llego al lugar, es un edificio plomo, frío, con una antigua puerta de fierro. Toco el número del intercomunicador y por respuesta recibo el sonido metálico del seguro de la puerta abriéndose. Mientras subo la escalera puedo ver que todas las puertas están pintadas de negro salvo la que me indica la dirección que está revestida de una pintura ocre. Voy a tocar el timbre pero la puerta se abre y una voz empalagosa me invita a pasar, lo hago y me siento en unos muebles de terciopelo azul, fuera de eso sólo hay una mesa de centro, un cuadro con una figura indeterminada y unas botellas vacías sobre el piso. Ansioso como estoy, sólo atino a frotar mis manos contra mis muslos hasta que aparece una mujer de edad indescifrable y vestida de azul.
-Lo hemos estado esperando hace tiempo, ya nos estábamos preocupando.
-Sabrá usted disculparme, ya sabe, el trabajo, los estudios...
-No se preocupe, lo importante es que ya está con nosotros.
-Tiene razón.
Estira la mano y como caída del cielo aparece una chica que le entrega un sobre y se va como si flotara, sin hacerse sentir, no se va, "desaparece" en verdad. Me entrega el sobre y me dice que esperan sepa cumplir con mi tarea. Sin abrirlo acepto sus palabras y me despido con un gesto. En la calle abro el sobre y veo que hay una dirección, una llave y un lapicero azul. Me dirijo a la dirección, la llave encaja perfecta, abro y no hay nadie dentro de la casa, busco la habitación, anoto el número en la pared y me voy. Cuando regreso a mi casa lo primer que hago es borrar el número de mi pared de un brochazo y termino de pintar.
sábado, 6 de junio de 2009
LLAMAN A LA PUERTA
Es domingo y mi madre me ha invitado a almorzar. Llego increíblemente puntual y el almuerzo trascurre entre risas y recuerdo de viejas anécdotas. Una vez terminado, me pide que trate de resolver un pequeño problema en su computadora, lo que me pongo a hacer inmediatamente. Escucho que golpean la puerta y mi madre se acerca a fijarse quién es.
-¿Qué desea?
-¿Es usted la mamá de Jimmy?
-Aunque no quiera, si lo soy.
-Con usted quería hablar.
-¿Qué desea?
-Vengo a enseñarle a su nieta y a pedirle que hable con el poco hombre de su hijo y se haga responsable de ella.
-¿Mi nieta?
-La misma que está acá presente.
-Pero no se parecen....
-¡No lo apañe señora!
Mientras oigo todo eso, siento un miedo que me paraliza y empiezo a hacer un repaso mental de todas las chicas con las que me he acostado en los últimos dos años, repaso que no tarda más de diez segundos y me arroja un deprimente resultado: no sólo no me he acostado con nadie en los últimos dos años, sino que haciendo un ejercicio mental más profundo caigo en cuenta que no me he acostado con nadie al menos hace cinco años. En esas lamentaciones ando cuando el grito de mi madre me despabila.
-¡Jimmyyyyyyyyyyyyyyyyy, ven acá muchacho del demonio!
Me pongo de pie y camino rumbo a la puerta como quien camina rumbo a la guillotina. Cuando llego, miro a la eventual madre de mi eventual hijo y no la reconozco pero ni de pelea de cuyes.
-¿Tú eres Jimmy? me pregunta la desconocida.
-Si.
-Tú no puedes ser Jimmy.
-Lo mismo me digo yo todas las mañanas.
-No seas idiota, tú no eres el Jimmy que busco, el que me embarazó.
-Tienes razón, a ti no te embarazaría ni por salvar la especie humana.
-Idiota.
-Loca.
-Imbécil.
-Anda sigue de puerta en puerta a ver si encuentras un ingenuo.
Me mira, deja caer los hombros a manera de resignación y le pregunta a mi madre qué número de casa es.
-103
-¿No es el 102?
-102 golpes te voy a dar yo como vuelvas por acá.
-Par de locos.
Se va, mi madre cierra la puerta y yo vuelvo a la computadora.
-¿Qué desea?
-¿Es usted la mamá de Jimmy?
-Aunque no quiera, si lo soy.
-Con usted quería hablar.
-¿Qué desea?
-Vengo a enseñarle a su nieta y a pedirle que hable con el poco hombre de su hijo y se haga responsable de ella.
-¿Mi nieta?
-La misma que está acá presente.
-Pero no se parecen....
-¡No lo apañe señora!
Mientras oigo todo eso, siento un miedo que me paraliza y empiezo a hacer un repaso mental de todas las chicas con las que me he acostado en los últimos dos años, repaso que no tarda más de diez segundos y me arroja un deprimente resultado: no sólo no me he acostado con nadie en los últimos dos años, sino que haciendo un ejercicio mental más profundo caigo en cuenta que no me he acostado con nadie al menos hace cinco años. En esas lamentaciones ando cuando el grito de mi madre me despabila.
-¡Jimmyyyyyyyyyyyyyyyyy, ven acá muchacho del demonio!
Me pongo de pie y camino rumbo a la puerta como quien camina rumbo a la guillotina. Cuando llego, miro a la eventual madre de mi eventual hijo y no la reconozco pero ni de pelea de cuyes.
-¿Tú eres Jimmy? me pregunta la desconocida.
-Si.
-Tú no puedes ser Jimmy.
-Lo mismo me digo yo todas las mañanas.
-No seas idiota, tú no eres el Jimmy que busco, el que me embarazó.
-Tienes razón, a ti no te embarazaría ni por salvar la especie humana.
-Idiota.
-Loca.
-Imbécil.
-Anda sigue de puerta en puerta a ver si encuentras un ingenuo.
Me mira, deja caer los hombros a manera de resignación y le pregunta a mi madre qué número de casa es.
-103
-¿No es el 102?
-102 golpes te voy a dar yo como vuelvas por acá.
-Par de locos.
Se va, mi madre cierra la puerta y yo vuelvo a la computadora.
viernes, 29 de mayo de 2009
MALABARISMO
De un salto elástico me he subido a la volada al micro que apenas se ha detenido, reviso el interior y veo que el único asiento libre es uno al lado del chofer, venciendo mis habituales temores (tengo reparos de viajar al lado del chofer, pienso que al primer accidente voy a salir disparado a través del parabrisas) decido sentarme, colocarme el cinturón y encomendarme a la dudosa gracia del Padre Urraca. No he terminado mis atribuladas oraciones cuando el chofer lanza una maldición:
-Este pezuñento de mierda no me va ganar.
Dicho esto, pisa el acelerador a fondo, el carro parece sufrir un ataque de tos convulsiva y empieza avanzar a una velocidad que no se condice con su achacoso estado. Obviamente está enfrascado en una violenta carrera con otra unidad de su misma ruta. Me resigno a mi suerte: justo el día que me siento adelante, este par de enfermos decide correr como quien está en la Fórmula Uno.
Cuando llegamos al cruce con otra avenida, nos detiene el semáforo en rojo y dos malabaristas callejeros se plantan delante nuestro a hacer una rápida demostración de su arte urbano. Encienden unas pequeñas antorchas y las lanzan al aire con gran destreza, las intercambian entre ellos. Su eventual público lo mira entre asombrado (por su habilidad) y conmovidos (por su andrajoso estado). De pronto, al parecer en un exceso de confianza, deciden hacer lo mismo pero con los ojos cerrados. No sé sabe si es por mal cálculo o algún repentino mareo, pero no miden bien al lanzar una de la antorchas y ésta viene a caer justo sobre el capó del micro, desatando un repentino incendio.
En ese momento la luz cambia a verde y ante el asombro general el carro avanza, cuando le increpamos por qué no se detiene, su respuesta nos deja patitiesos:
-Voy retrasado, además con la velocidad que voy seguro el aire apaga el fuego de inmediato.
En esas discusiones estamos cuando veo que el siguiente paradero es el mío, le digo que voy a bajar, se detiene a medias y con otro salto elástico me bajo. Volteo y miro como el bus-incendio se aleja a toda velocidad. Le agradezco al Padre Urraca por el milagro concedido y sigo mi camino.
-Este pezuñento de mierda no me va ganar.
Dicho esto, pisa el acelerador a fondo, el carro parece sufrir un ataque de tos convulsiva y empieza avanzar a una velocidad que no se condice con su achacoso estado. Obviamente está enfrascado en una violenta carrera con otra unidad de su misma ruta. Me resigno a mi suerte: justo el día que me siento adelante, este par de enfermos decide correr como quien está en la Fórmula Uno.
Cuando llegamos al cruce con otra avenida, nos detiene el semáforo en rojo y dos malabaristas callejeros se plantan delante nuestro a hacer una rápida demostración de su arte urbano. Encienden unas pequeñas antorchas y las lanzan al aire con gran destreza, las intercambian entre ellos. Su eventual público lo mira entre asombrado (por su habilidad) y conmovidos (por su andrajoso estado). De pronto, al parecer en un exceso de confianza, deciden hacer lo mismo pero con los ojos cerrados. No sé sabe si es por mal cálculo o algún repentino mareo, pero no miden bien al lanzar una de la antorchas y ésta viene a caer justo sobre el capó del micro, desatando un repentino incendio.
En ese momento la luz cambia a verde y ante el asombro general el carro avanza, cuando le increpamos por qué no se detiene, su respuesta nos deja patitiesos:
-Voy retrasado, además con la velocidad que voy seguro el aire apaga el fuego de inmediato.
En esas discusiones estamos cuando veo que el siguiente paradero es el mío, le digo que voy a bajar, se detiene a medias y con otro salto elástico me bajo. Volteo y miro como el bus-incendio se aleja a toda velocidad. Le agradezco al Padre Urraca por el milagro concedido y sigo mi camino.
viernes, 22 de mayo de 2009
ESTE SECRETO QUE TIENES CONMIGO
Hoy me ha tocado mostrar una oficina que tenemos en alquiler, luego del desfile de todo tipo de personajes (desde una tía que sudaba entera hasta un chibolo tartamudo) y cuando ya me aprestaba a volver, me llamaron para avisarme que iba otra chica a ver la oficina. Resignado me senté a esperarla, no tardó más de cinco minutos. La vi entrar, era imponente, parecía poner a sus (bellos) pies todo lo que estaba a su alrededor.
Sin dejar de sonreír y sin que los rayos solares -que entraban por la ventana- la toquen, me preguntó las condiciones del alquiler y algunos detalles más. Sacando fuerzas de donde no las hay, traté de contestarle de la manera más seria posible. Al final me dijo que lo que quería era poner una oficina para recibir llamadas para su servicio de señoritas que prestaba. Música para mis oídos, pero aún así no le daba crédito a lo que escuchaba. Repregunté para confirmarlo:
-¿Para qué deseas la oficina?
Sin perder la sonrisa eterna (eternamente bella), se sacó los lentes y con su tono seductor de canto de sirenas me respondió.
-Para poner una central de llamadas para atender un servicio de kinesiólogas. -¿Kinesiólogas?
-Si, damas de compañía.
-¿Damas de compañía?
-Servicio de acompañantes
-¿Acompañantes?
-Putas, merecas, prostitutas, a las que llamas, pagas y te las tiras.
-A ya, así en buen cristiano todos nos entendemos, pero no lo sé, si saben que es para eso quizá los demás inquilinos no quieran.
-Pero nadie tiene porqué saberlo, sería nuestro secreto.
-Me gustaría tener un secreto entre tú y yo.
-Sería encantador, pero tengo un problemilla.
-¿Cuál?
-No puedo pagar esa cantidad mensual, tendrías que hacerme un descuento.
-Eso no depende de mí, no soy el dueño.
-Pero podrías arreglar un descuento por mí, mira que si lo consigues te prometo un par de servicios gratis.
-¿Servicio completo?
-Completito.
-¿Ida y vuelta?
-Choque, atropello y fuga.
-¿Me lo juras?
-Por San Puta.
Le doy la mano y cerramos el trato, le prometo que para mañana mismo le tengo listo el descuento, me dice que si ya se puede mudar, le digo que es mejor no apresurarse. Sonríe coqueta, me da una tarjeta con su número y se va. Ni bien sale de la oficina rompo su tarjeta, llamo al trabajo y aviso que hagan más citas para mañana, que aún no lo alquila nadie.
Sin dejar de sonreír y sin que los rayos solares -que entraban por la ventana- la toquen, me preguntó las condiciones del alquiler y algunos detalles más. Sacando fuerzas de donde no las hay, traté de contestarle de la manera más seria posible. Al final me dijo que lo que quería era poner una oficina para recibir llamadas para su servicio de señoritas que prestaba. Música para mis oídos, pero aún así no le daba crédito a lo que escuchaba. Repregunté para confirmarlo:
-¿Para qué deseas la oficina?
Sin perder la sonrisa eterna (eternamente bella), se sacó los lentes y con su tono seductor de canto de sirenas me respondió.
-Para poner una central de llamadas para atender un servicio de kinesiólogas. -¿Kinesiólogas?
-Si, damas de compañía.
-¿Damas de compañía?
-Servicio de acompañantes
-¿Acompañantes?
-Putas, merecas, prostitutas, a las que llamas, pagas y te las tiras.
-A ya, así en buen cristiano todos nos entendemos, pero no lo sé, si saben que es para eso quizá los demás inquilinos no quieran.
-Pero nadie tiene porqué saberlo, sería nuestro secreto.
-Me gustaría tener un secreto entre tú y yo.
-Sería encantador, pero tengo un problemilla.
-¿Cuál?
-No puedo pagar esa cantidad mensual, tendrías que hacerme un descuento.
-Eso no depende de mí, no soy el dueño.
-Pero podrías arreglar un descuento por mí, mira que si lo consigues te prometo un par de servicios gratis.
-¿Servicio completo?
-Completito.
-¿Ida y vuelta?
-Choque, atropello y fuga.
-¿Me lo juras?
-Por San Puta.
Le doy la mano y cerramos el trato, le prometo que para mañana mismo le tengo listo el descuento, me dice que si ya se puede mudar, le digo que es mejor no apresurarse. Sonríe coqueta, me da una tarjeta con su número y se va. Ni bien sale de la oficina rompo su tarjeta, llamo al trabajo y aviso que hagan más citas para mañana, que aún no lo alquila nadie.
viernes, 15 de mayo de 2009
ACTO REFLEJO
Es la hora de regresar a mi casa, es hora punta (5 pm). Es febrero en Lima y todos nos freímos bajo ese vigoroso sol, ni bien veo aparecer el bus que me llevará a casa, el corazón me late de la emoción, pero la emoción amengua al ver que el bus está repleto y sin pensarlo mucho me trepo en él, previa pelea con otros peatones que pujan por lo mismo. Una vez dentro trato de acomodarme de la mejor manera en medio de esa masa de carnes, sudores y malos olores. Cuando encuentro un par de centímetros cuadrados libres me paro ahí y me aferró al pasamanos como quién se aferra a una cornisa para no caer al vacío.
Cuando el bus entra al desangelado barrio "El Porvenir" en La Victoria, veo un graffiti que llama mi atención: "El Porve es 99% crema, el otro 1% no sabe de fútbol", esbozo una sonrisa que no tarda en transformarse en una mueca de miedo y cólera, dos pirañones se acercan, globos de agua en mano, a bombardear el carro. Entonces miro las ventanas del bus en busca de una que esté abierta (asegurando que usaran ésa como blanco) y mientras repaso todas doy con la dura realidad: la única abierta es la que está frente a mí (no sé de qué me sorprendo, cómo si la suerte alguna vez hubiera estado de mi lado, ¡ja!), entonces sólo me queda desear algo, que venga un auto desde atrás y atropelle a ese par de desadaptados, pero nada, ni el diablo está de mi lado ahora.
Resignado a mi suerte, veo como dirigen sus globos justo por la ventana que está frente a mí y en un acto reflejo me agacho y los globos van a dar contra una chica que está detrás mío, ella me mira furiosa y me reclama por qué me agaché.
-Porque me iban a mojar.
-Y me mojaron a mí.
-¿Por qué no te agachaste?
-Pensé que te quedarías parado.
Mientras me habla (¿o grita?) con su mano trata de secarse la cara, yo la miro bien y veo al lado de su nariz algo negro que juro es una araña (y pienso en su mala suerte: encima de que la han mojado está a punto de ser picada por una araña ultra venenosa), entonces acerco mi mano a su cara (en otro acto reflejo) y tomo "la araña" con los dedos y ella atrapa mi mano y me pregunta qué hago.
-Tenías una araña en la cara.
Ella me mira furiosa, me dice que soy un idiota, que esa es su pestaña postiza que con la fuerza del globo se le ha desprendido, se pone a llorar y yo levanto la mirada y veo su mirada desigual: un ojo luce poderoso, potente, penetrante y el otro parece desvalido, con frío, como queriendo esconderse (obviamente sólo uno –el poderoso- quedó con la pestaña postiza). Avergonzada, exige a gritos que el carro se detenga y se baja corriendo, avergonzado guardo la pestaña postiza en mi bolsillo y entierro la mirada en el piso deseando ya no un globo de agua, sino una bomba atómica que me desaparezca para siempre.
Cuando el bus entra al desangelado barrio "El Porvenir" en La Victoria, veo un graffiti que llama mi atención: "El Porve es 99% crema, el otro 1% no sabe de fútbol", esbozo una sonrisa que no tarda en transformarse en una mueca de miedo y cólera, dos pirañones se acercan, globos de agua en mano, a bombardear el carro. Entonces miro las ventanas del bus en busca de una que esté abierta (asegurando que usaran ésa como blanco) y mientras repaso todas doy con la dura realidad: la única abierta es la que está frente a mí (no sé de qué me sorprendo, cómo si la suerte alguna vez hubiera estado de mi lado, ¡ja!), entonces sólo me queda desear algo, que venga un auto desde atrás y atropelle a ese par de desadaptados, pero nada, ni el diablo está de mi lado ahora.
Resignado a mi suerte, veo como dirigen sus globos justo por la ventana que está frente a mí y en un acto reflejo me agacho y los globos van a dar contra una chica que está detrás mío, ella me mira furiosa y me reclama por qué me agaché.
-Porque me iban a mojar.
-Y me mojaron a mí.
-¿Por qué no te agachaste?
-Pensé que te quedarías parado.
Mientras me habla (¿o grita?) con su mano trata de secarse la cara, yo la miro bien y veo al lado de su nariz algo negro que juro es una araña (y pienso en su mala suerte: encima de que la han mojado está a punto de ser picada por una araña ultra venenosa), entonces acerco mi mano a su cara (en otro acto reflejo) y tomo "la araña" con los dedos y ella atrapa mi mano y me pregunta qué hago.
-Tenías una araña en la cara.
Ella me mira furiosa, me dice que soy un idiota, que esa es su pestaña postiza que con la fuerza del globo se le ha desprendido, se pone a llorar y yo levanto la mirada y veo su mirada desigual: un ojo luce poderoso, potente, penetrante y el otro parece desvalido, con frío, como queriendo esconderse (obviamente sólo uno –el poderoso- quedó con la pestaña postiza). Avergonzada, exige a gritos que el carro se detenga y se baja corriendo, avergonzado guardo la pestaña postiza en mi bolsillo y entierro la mirada en el piso deseando ya no un globo de agua, sino una bomba atómica que me desaparezca para siempre.
viernes, 8 de mayo de 2009
SANGRE, SEXO Y ROCANROL
y yo me levanté y me vestí,
las manos aún vendadas, y al llegar a casa
me arranqué las vendas de las manos y
escribí mi primer poema,
y no he dejado de pelear
desde entonces.
"El perdedor"-Bukowski.
las manos aún vendadas, y al llegar a casa
me arranqué las vendas de las manos y
escribí mi primer poema,
y no he dejado de pelear
desde entonces.
"El perdedor"-Bukowski.
Bebía mi cerveza divertido mientras metía monedas en el jukebox y ésta escupía los primeros sonidos que daba ese chico rico y rico de apellido Cobain (Kurt para nosotros, sus íntimos). Su ritmo me abrazaba y yo entregaba mi cuerpo a sus caricias musicales mientras alucinaba cogerme a CourtneyLove, su arrechante mujer. Cuando abrí mis ojos, había tres tipos mirándome como si fuera un gay mendigando por una verga justiciera, sin dejar de bailar les devolví la mirada, el más joven me retó:
-¿Qué me miras?
No le contesté, me puse de pie y patee su cara, su sangre salpicando, sus dientes en un viaje perfecto, su saliva derramándose, eran el marco perfecto para pelear. Su amigo de al lado se paró y mientras me decía "qué te has creído" yo me sentí un hijo de puta todopoderoso y nada misericordioso y de un certero puñetazo le partí su horrible nariz y le gritaba "te he hecho un favor feo de mierda, te he arreglado esa nariz horrible, deja de llorar como una niñita, deberías agradecerme, lámeme las botas triste hijo de puta" pero ya venía el tercero, el más grande, me miró divertido y deseoso de desgranputarme, yo lo miré con sangre y a tres pasos de mí se encontró con mi furia y ya estaba en el piso mientras pateaba su desproporcionada cabeza diciéndole la pobre mierda que era. Luego de ver a los tres miserables arrastrándose por el piso volví al Jukebox, eché más monedas y volví a hacer el amor con Kurt y Courtney mientras bailaba con mis botas llenas de sangre. Apenas termine le pedí un papel al asustado cantinero y escribí esta historia de sangre, sexo y rocanrol.
sábado, 2 de mayo de 2009
NO HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA
Como cualquier día en mi anormal vida estaba en el paradero esperando (mientras rumiaba mi cólera por una pelea que había tenido con mi chica la noche anterior) que pase el micro que me iba llevar al trabajo cuando de pronto se me acercó un tipo con cara de nerd a preguntarme por una dirección que, más nerd yo, conocía. Cuando le iba decir donde era, el tipo me dijo que era la casa de su novia, que la amaba mucho y que quería darle una sorpresa y me enseñó una caja de chocolates. Dentro de mí pensaba qué diablos me importa eso, así que le dije que el lugar quedaba en una calle cruzando la pista, el tipo me quiso dar la mano como agradecimiento pero yo harto de su aburrida cara no le hice caso y diciéndome no sé qué cosa, cruzó la pista sin apartar la mirada de mí y como suele suceder en Lima, un chofer (más nerd que los dos juntos) recién se dio cuenta que tenía alguien delante cuando sintió el golpe. De pronto la escena era patética: el peatón nerd daba alaridos de dolor en el piso aferrado a su caja de chocolates y el chofer nerd daba gritos nerviosos. La gente que hace unos instantes me había visto hablando con el nerd agraviado me decía cosas como "ayuda a tu amigo", "piensa que te puede suceder a ti alguna vez" y en un acto irreconocible en mí, decidí ayudar a ese pobre nerd atropellado y entre chofer y presunto amigo decidimos llevarlo al hospital. En el camino el tipo no hacia más que llorar pero no de dolor ahora, sino de pensar que su novia lo iba esperar en vano. Cuando llegamos al hospital el chofer junto a unas enfermeras bajaron del carro al tipo y me pidió que por favor le mire el carro (si señores, a uno le pueden robar el carro así esté dentro de un hospital) le dije que si y mi "si" duró hasta que ellos se perdieron de vista. Ni bien pude me fui del lugar, tomé un taxi a mi trabajo y cuando llegué me di cuenta de lo que traía en las manos: la caja de chocolates del nerd. Esa noche fui a casa de mi novia, le dije que la quería mucho y que en señal de disculpas le había comprado una caja de chocolates, ella la acepto feliz, me perdonó y tuvimos el mejor sexo de reconciliación que recuerdo.
sábado, 25 de abril de 2009
VELORIO
He ido al velorio del padre de un amigo, en verdad detesto, odio y me hace muy mal ir a los velorios, esa exhibición morbosa de un cuerpo siempre me ha dado cierto repelús, tanto así que ya le he dicho a todos mis familiares y amigos que no me esperen en su velorio y que mucho menos me velen a mí, de frente al cementerio por favor. Pero en este caso puntual terminé asistiendo al velorio por error. Resulta que me había enterado que el padre estaba mal y decidí hacerle una visita a mi amigo para conversar un rato. Cuando llegué a la casa, toqué y no hubo respuesta, cuando ya me daba vuelta, la puerta se abrió y asomó la cara llorosa y doliente de mi amigo que corrió a mis brazos para decirme que su padre había fallecido en la mañana y que lo apoye en ese momento, cuando ya le iba decir que NO, empezó a llegar toda la parafernalia que rodea acontecimiento como estos: la capilla ardiente (que con ese calor iba arder de verdad), los arreglos florales (que le dan ese olor a muerte tan horrible al asunto) y hasta los ex compañeros de trabajo del difunto perfectamente uniformados (unos ex marinos mercantes o algo así), mientras observaba impávido todo ese asunto, empezaron a llegar los familiares y algunos infaltables chismosos. Harto de todo ese dolor masivo decidí escapar, cuando me disponía hacerlo una voz plañidera me pidió que por favor apoye a los tipos de la funeraria a sacar el cajón del muerto que acababa de llegar, mientras decía que no podía ya estaba cargando ese cajón que por el peso parecía contener el cadáver de una elefante y no de una persona. Luego de acomodarlo sobre unos parantes empezaron los rezos y las condolencias y comenzaron a exasperarse mis nervios.
Cuando cuestionaba mi suerte (y no la muerte), apareció mi amigo con una taza de café hirviendo (que quise rechazar porque hacía un calor terrible, además de estar encerrados todos ahí) pero la cortesía (maldita cortesía) me obligó a aceptar. Tratando de hacer una conversación le pregunté cómo es que su padre se enteró de su enfermedad y me contó una rara historia: resulta que el tío tenía relaciones con la empleada y un día en plena faena sexual el tipo vomitó encima de la chica que salió desnuda y asustada corriendo por toda la casa, lo que provocó que todos se enteraran del enredo. Pero el tío para evitar algún maltrato dijo sentirse muy mal y fue al hospital, el doctor detectó algo raro en él, le ordenó unos exámenes y con el tiempo el diagnostico fue contundente: tenía un virulento cáncer gástrico y escasas probabilidades de sobrevivir. Tal como se lo dijeron, sucedió, en menos de tres meses falleció.
No sé qué hubo de raro en esa historia que despertó en mí una reacción inesperada: me dio un soberano ataque de risa, me empecé a reír compulsivamente, de manera violenta y a todo volumen, en sonido envolvente, lo que obviamente provocó que todas las miradas y críticas se dirijan a mí, incluso el rostro de mi amigo pasó del profundo dolor al odio profundo. Me quitó la taza de café (y le di las gracias por eso y me reí más) y me pidió a nombre de él, su familia, los ex marinos mercantes y la memoria de su difunto (e infiel) padre que por favor me retire del velorio y que no vuelva nunca más (como si a uno le dieran ganas de regresar a los velorios). Yo en medio de mi ataque de risa traté de disculparme y explicarle que era algo involuntario, pero era peor, más risa me daba, hasta que vino su madre, o sea la viuda (y adornada por su marido), y me pido que me vaya o iba "usar la fuerza" (pensé que me iba embestir con los cuernos que le había dejado el marido) y (obviamente) me dio más risa aún. Agarrándome de los arreglos florales para no caerme de la risa, salí hasta la calle y gané un taxi con las justas ya que detrás de mí venía parte de la familia con ganas de enterrarme junto al tío.
Me reí todo el trayecto de regreso y hasta en mi casa por un buen rato más. No sé a qué se deba pero confieso que no tuve ninguna intención de burlarme. Supongo que he perdido un amigo. He escrito esto y me he vuelto a reír.
Cuando cuestionaba mi suerte (y no la muerte), apareció mi amigo con una taza de café hirviendo (que quise rechazar porque hacía un calor terrible, además de estar encerrados todos ahí) pero la cortesía (maldita cortesía) me obligó a aceptar. Tratando de hacer una conversación le pregunté cómo es que su padre se enteró de su enfermedad y me contó una rara historia: resulta que el tío tenía relaciones con la empleada y un día en plena faena sexual el tipo vomitó encima de la chica que salió desnuda y asustada corriendo por toda la casa, lo que provocó que todos se enteraran del enredo. Pero el tío para evitar algún maltrato dijo sentirse muy mal y fue al hospital, el doctor detectó algo raro en él, le ordenó unos exámenes y con el tiempo el diagnostico fue contundente: tenía un virulento cáncer gástrico y escasas probabilidades de sobrevivir. Tal como se lo dijeron, sucedió, en menos de tres meses falleció.
No sé qué hubo de raro en esa historia que despertó en mí una reacción inesperada: me dio un soberano ataque de risa, me empecé a reír compulsivamente, de manera violenta y a todo volumen, en sonido envolvente, lo que obviamente provocó que todas las miradas y críticas se dirijan a mí, incluso el rostro de mi amigo pasó del profundo dolor al odio profundo. Me quitó la taza de café (y le di las gracias por eso y me reí más) y me pidió a nombre de él, su familia, los ex marinos mercantes y la memoria de su difunto (e infiel) padre que por favor me retire del velorio y que no vuelva nunca más (como si a uno le dieran ganas de regresar a los velorios). Yo en medio de mi ataque de risa traté de disculparme y explicarle que era algo involuntario, pero era peor, más risa me daba, hasta que vino su madre, o sea la viuda (y adornada por su marido), y me pido que me vaya o iba "usar la fuerza" (pensé que me iba embestir con los cuernos que le había dejado el marido) y (obviamente) me dio más risa aún. Agarrándome de los arreglos florales para no caerme de la risa, salí hasta la calle y gané un taxi con las justas ya que detrás de mí venía parte de la familia con ganas de enterrarme junto al tío.
Me reí todo el trayecto de regreso y hasta en mi casa por un buen rato más. No sé a qué se deba pero confieso que no tuve ninguna intención de burlarme. Supongo que he perdido un amigo. He escrito esto y me he vuelto a reír.
sábado, 18 de abril de 2009
PIRATAS DE LAS PISTAS
Un amigo me ha convencido de acompañarlo al cementerio a visitar a su madre, muerta hace unos años de manera trágica. Luego de dar unas vueltas decidimos caminar hacia la Plaza Italia y tomar el célebre "moradito", también conocido como "la 10", mítica línea de micro de indeterminado recorrido (nunca se sabe dónde empieza y menos dónde termina su ruta) que nos llevaría al cementerio. Todo transcurría de lo más normal (entiéndase por normalidad al viajar en ese micro aceptar personajes tales como borrachos, pirañas y alguna tía con su perrito en brazos) hasta que llegando al muy dichoso barrio de "Maravillas" subieron tres sujetos con facha de para qué te cuento si te voy asustar y ni bien el carro avanzó unos metros los tres pillaracos desenfundaron –cual viejo oeste- tremendas pistolas y bajo la amenaza de hacernos llegar más rápido de lo pensado al cementerio (y no en el moradito precisamente) nos pidieron le entreguemos todas nuestras pertenencias pero al parecer los tipos no tenían mucha experiencia en los menesteres del delito porque no calibraron bien el nivel socio-económico de los viajantes, que los miraron entre compadecidos, misericordiosos y hasta con un toque de vergüenza ajena ya que nadie ahí tenía más allá de unos míseros soles, ni siquiera un celular, un pírrico mp3, nada de nada, incluso el perrito de la tía fue visto como posible botín pero al ver su escaso pedigrí decidieron bajarse del micro no sin antes lanzarnos un insulto hiriente: "misios de mierda". Claro que nadie se sintió aludido. Nosotros bajamos en el cementerio, compramos flores y nos volvimos en el mismo micro como si nada hubiera pasado.
sábado, 11 de abril de 2009
HUERFANO DE LA GUERRILLA
Estos días me he topado en el micro al menos tres veces con el mismo (embaucador) tipo que dice ser un colombiano, que "acaba de ser asaltado" y necesita dinero para regresar a su país. Y cómo si fuera poco se describe a si mismo como un "huérfano de la guerrilla", así que con su dejo colombiano (de Cúcuta según él) nos quiere convencer a todos que le demos unas monedas (si son billetes mejor) para un retorno que al parecer nunca se da porque si bien esta semana lo he visto seguido, ya antes me lo he cruzado y siempre con el mismo falso argumento.
El punto es que al parecer no soy el único que se lo había encontrado tan seguido, si no también una tía de unos cincuenta años que hoy en medio de su charlatanería lo embistió a carterazos mientras le gritaba "estafador, maldito, hace un año que me cruzo contigo y nunca te vas" y el tipo que ahora si parecía verse en un aprieto de verdad sólo atinaba a pedir ayuda y que le saquen de encima a esa justiciera anónima pero obviamente nadie hizo nada que no fuera aplaudir y lanzar alguna arenga a favor de nuestra espontánea vengadora. Sólo cuando el micro se detuvo el tipo tuvo una oportunidad de escapar y dando grandes zancadas saltó del carro y siguió corriendo por las calles como si verdad lo persiguiera la guerrilla.
El punto es que al parecer no soy el único que se lo había encontrado tan seguido, si no también una tía de unos cincuenta años que hoy en medio de su charlatanería lo embistió a carterazos mientras le gritaba "estafador, maldito, hace un año que me cruzo contigo y nunca te vas" y el tipo que ahora si parecía verse en un aprieto de verdad sólo atinaba a pedir ayuda y que le saquen de encima a esa justiciera anónima pero obviamente nadie hizo nada que no fuera aplaudir y lanzar alguna arenga a favor de nuestra espontánea vengadora. Sólo cuando el micro se detuvo el tipo tuvo una oportunidad de escapar y dando grandes zancadas saltó del carro y siguió corriendo por las calles como si verdad lo persiguiera la guerrilla.
jueves, 2 de abril de 2009
SORPRESA DE CUMPLEAÑOS
Es la madrugada de mi cumpleaños y luego de beber unas cervezas con Y. en su casa, decidimos enrumbarnos en busca de otro lugar que nos cobije. Llevo conmigo el libro que me acaba de regalar, le digo que si me aburre su charla me pondré a leer. Llegamos a un bar barranquino que nos convence por su media luz y su música apenas perceptible. Nos parapetamos en la mesa mas escondida y pedimos unos mojitos. La hierbabuena y el alcohol nos animan a una charla llena de risas y disparates.
Cuando los mojitos nos van gustando más y planeamos dónde seguir la noche de pronto se nos acerca una chica guapa y nos pregunta si puede sentarse con nosotros. Hacemos un gesto de resignación que ella interpreta como un si. Se sienta y con un gesto apenas perceptible en esa media oscuridad envenenada por los cigarros llama al mesero y le pide tres mojitos. Los bebemos mientras nos interroga acerca de qué hacemos ahí y si somos enamorados. Con un gesto cómplice decidimos seguirle el juego, le decimos que estamos festejando un año de enamorados. Se alisa el cabello con los dedos, saca un cigarro, le da una profunda chupada y sonríe con un gesto de satisfacción.
Así pasa un buen rato, ente tragos, cigarros, sonrisas, preguntas y mentiras como respuestas. Cuando estamos lo suficientemente borrachos nos dice que quiere proponernos algo, Y. le dice que no se va volver burrier y yo le digo que el servicio completo cuesta cien soles, ella festeja nuestras bromas y nos dispara a quemarropa: "tengo mi novio que está sentado en esa mesa (nos señala una mesa al otro extremo y recién distinguimos a un chico guapo que bebe solo y nos manda una sonrisa trabajadamente seductora) y queremos hacer un intercambio sexual y los escogimos a ustedes". No lo termina de decir y explotamos en risas, el trago se nos sale hasta por la nariz. Ella no se inmuta y espera a que nos calmemos, cosa que tarda buen tiempo en suceder. Cuando lo hacemos nos reitera su propuesta mientras toca el cabello de Y., por un momento la escena me gusta pero no me dejo llevar. Le decimos que necesitamos pensarlo, le pedimos su número y ella lo escribe en una servilleta, la besa y la pone en el bolsillo de mi camisa. Se para y se va moviendo el culo como una yegua.
Terminamos los mojitos y vemos que nos siguen observando desde su mesa, decidimos ir al baño, ella memoriza el número y me dice algo al oído. Cuando entro al baño saco un lapicero y copio su número en todos los lugares posibles junto al siguiente texto: "pareja moderna busca incautos para intercambio, la casa paga los tragos". Salgo y veo a Y., le pregunto qué ha escrito, me lo dice matándose de la risa: "soy Nicole, me tiro lo que sea con tal que respire". Nos sentimos dos criaturas traviesas. Me abraza y besa en la mejilla y me dice que ése es mi otro regalo, salimos amparados en la confusión del alcohol. En el taxi de regreso nos damos cuenta que olvidamos el libro. Me dice que soy un tonto y yo le digo que seguro van hacer un trío con el libro y nos volvemos a cagar de la risa. No hay dudas que es un buen cumpleaños.
Cuando los mojitos nos van gustando más y planeamos dónde seguir la noche de pronto se nos acerca una chica guapa y nos pregunta si puede sentarse con nosotros. Hacemos un gesto de resignación que ella interpreta como un si. Se sienta y con un gesto apenas perceptible en esa media oscuridad envenenada por los cigarros llama al mesero y le pide tres mojitos. Los bebemos mientras nos interroga acerca de qué hacemos ahí y si somos enamorados. Con un gesto cómplice decidimos seguirle el juego, le decimos que estamos festejando un año de enamorados. Se alisa el cabello con los dedos, saca un cigarro, le da una profunda chupada y sonríe con un gesto de satisfacción.
Así pasa un buen rato, ente tragos, cigarros, sonrisas, preguntas y mentiras como respuestas. Cuando estamos lo suficientemente borrachos nos dice que quiere proponernos algo, Y. le dice que no se va volver burrier y yo le digo que el servicio completo cuesta cien soles, ella festeja nuestras bromas y nos dispara a quemarropa: "tengo mi novio que está sentado en esa mesa (nos señala una mesa al otro extremo y recién distinguimos a un chico guapo que bebe solo y nos manda una sonrisa trabajadamente seductora) y queremos hacer un intercambio sexual y los escogimos a ustedes". No lo termina de decir y explotamos en risas, el trago se nos sale hasta por la nariz. Ella no se inmuta y espera a que nos calmemos, cosa que tarda buen tiempo en suceder. Cuando lo hacemos nos reitera su propuesta mientras toca el cabello de Y., por un momento la escena me gusta pero no me dejo llevar. Le decimos que necesitamos pensarlo, le pedimos su número y ella lo escribe en una servilleta, la besa y la pone en el bolsillo de mi camisa. Se para y se va moviendo el culo como una yegua.
Terminamos los mojitos y vemos que nos siguen observando desde su mesa, decidimos ir al baño, ella memoriza el número y me dice algo al oído. Cuando entro al baño saco un lapicero y copio su número en todos los lugares posibles junto al siguiente texto: "pareja moderna busca incautos para intercambio, la casa paga los tragos". Salgo y veo a Y., le pregunto qué ha escrito, me lo dice matándose de la risa: "soy Nicole, me tiro lo que sea con tal que respire". Nos sentimos dos criaturas traviesas. Me abraza y besa en la mejilla y me dice que ése es mi otro regalo, salimos amparados en la confusión del alcohol. En el taxi de regreso nos damos cuenta que olvidamos el libro. Me dice que soy un tonto y yo le digo que seguro van hacer un trío con el libro y nos volvemos a cagar de la risa. No hay dudas que es un buen cumpleaños.
jueves, 26 de marzo de 2009
Asalto de Navidad
Vamos a comprar con un amigo un regalo para su sobrino, decidimos ir al congestionado (y una vez chamuscado) "Mesa Redonda". Encontramos todo tipo de juguetes pero el que nos termina convenciendo es un carro enorme a batería donde cabe un niño grande, el vendedor se ha disfrazado estratégicamente de Papá Noel y con un tono de voz al ritmo de villancicos nos endulza acerca de todas las bondades de ese pequeño bólido, yo miro a mi amigo y le digo que es una buena oferta y a su sobrino le va encantar. En su afán por convencernos, nuestro improvisado viejito pascuero arrancha a un niño de los brazos de su madre y lo monta en el carro, faltaba más, nos convence. Le damos el dinero, nos envuelve el juguete en papel regalo y sentimos que hemos hecho un buen trato. Esquivando todo tipo de personaje que nos rodea llegamos a un taxi y me pide acompañarlo a su casa para entregarle el regalo a su sobrino "me llega esperar al 24, se lo doy hoy mismo", emocionado por participar en tamaña postal navideño-familiar no lo pienso mucho y me subo al taxi, en el camino hacemos todo tipo de bromas sobre cómo lo tomará su sobrino.
Cuando llegamos a casa del niño le entrega el regalo sin mayor trámite y él sin mayor trámite (ni siquiera le agradece) destroza la envoltura y destroza, de paso, su ilusión: lo que va emergiendo debajo de esos jirones de papel regalo nos deja patitiesos, de aquel bólido pistero que vimos hace un rato no hay nada, solo asoma un montón de pedazos de plástico y tecnopor, sintiéndonos ultrajados en nuestra inteligencia, tomamos todos los restos de basura y en otro taxi nos vamos de vuelta en búsqueda de ese Papá Noel estafador. Cuando llegamos encontramos una muralla de policías delante del puesto, a nuestro estafador navideño enmarrocado y sometido y al lado un montón de cojudos haciendo fila con su respectivo paquete de basura en brazos listos para reclamar. Humillados y avergonzados dejamos discretamente a un lado nuestro paquete y nos marchamos cada uno por su lado sin despedirnos.
Cuando llegamos a casa del niño le entrega el regalo sin mayor trámite y él sin mayor trámite (ni siquiera le agradece) destroza la envoltura y destroza, de paso, su ilusión: lo que va emergiendo debajo de esos jirones de papel regalo nos deja patitiesos, de aquel bólido pistero que vimos hace un rato no hay nada, solo asoma un montón de pedazos de plástico y tecnopor, sintiéndonos ultrajados en nuestra inteligencia, tomamos todos los restos de basura y en otro taxi nos vamos de vuelta en búsqueda de ese Papá Noel estafador. Cuando llegamos encontramos una muralla de policías delante del puesto, a nuestro estafador navideño enmarrocado y sometido y al lado un montón de cojudos haciendo fila con su respectivo paquete de basura en brazos listos para reclamar. Humillados y avergonzados dejamos discretamente a un lado nuestro paquete y nos marchamos cada uno por su lado sin despedirnos.
jueves, 19 de marzo de 2009
YO NO ME LLAMO JAVIER (DEJEN YA DE JODER)
Por si alguien no lo sabe mi nombre es Jaime, "Jimmy" es como me llaman cariñosamente mis amigos cercanos. Resulta que hace unos años postulé a un trabajo e increíblemente fui contratado de forma inmediata (pese a no saber ni medio sobre el trabajo).
El primer día que me presenté en el nuevo trabajo estaba muerto de nervios, ni bien entré, hablé con el Jefe que me preguntó mi nombre y diciéndome un par de palabras vacías mandó llamar a su asistente y le dijo que me llevará a mi lugar de trabajo y me diera las indicaciones necesarias.
-Lleva a Javier que es nuevo.
-Si Jefe.
En el camino le dije al tipo (un enano al que nunca vi reír) que yo no me llamaba Javier si no Jaime, claro él me ignoró olímpicamente y al irse me dijo "acá lo dejo señor Javier". Y fue así como poco a poco todos en la empresa me empezaron a llamar por ese nombre a pesar de mis (inútiles) aclaraciones. Así que con el tiempo al notar que era una pérdida de tiempo tratar de aclararlo me resigné a "llamarme Javier" (en el fondo hasta le tomé cierto cariño a ese nombre). Con el tiempo llegó el aniversario de la empresa y para los festejos organizaron un almuerzo de confraternidad (que en el fondo no fue otra cosa que una borrachera atroz y puñalera donde todos rajaban de la empresa y los jefes) y un sorteo donde el primer premio era un viaje al Cuzco y el segundo una tv gigantesca de mil pulgadas y no sé qué más chucherías encima.
Para efectuarse el tan deseado sorteo el jefe anunció que había escrito los nombres de cada trabajador en unos papelitos que el hijo del dueño irá sacando para anunciar a los ganadores. El primero se lo llevó (para sorpresa de nadie) la secretaria (y eventual amante) del dueño de la empresa y el segundo lugar fue para "Javier" cosa que mis compañeros recibieron con gran chacota y algarabía (y con grandes sospechas de que yo fuera el amante gay del dueño de la empresa).
Cuando me acerqué al jefe, éste me dio un ticket con el nombre de una conocida tienda para que pase a recoger mi nueva tv. Al día siguiente pedí permiso para ir a reclamar mi premio y apenas llegué a la tienda presenté mi ticket con mis documentos pero por toda respuesta recibí un gran insulto: "estafador" que en mis documentos decía Jaime y no "Javier" y a pesar que me deshice en explicaciones no me dieron nada. Cuando volví al trabajo fui a quejarme y por toda respuesta recibí otro insulto: "mentiroso" por parte de mi jefe que me acusó de haberlo engañado todo el tiempo diciéndole que me llamaba "Javier".
Viéndome enfrascado en tan absurda situación opté por ir al departamento de Recursos Humanos donde una vez más me quejé y donde me dieron la más absurda de las respuestas: que nada se podía hacer, el ticket había sido elaborado con ese nombre y no lo podían cambiar, salvo si tenía un hermano que se llame Javier...
Fue así como por una absurda confusión que nunca pude aclarar, terminé perdiendo mi premio que fue a parar en el comedor de la empresa luego de ser declarado desierto el segundo lugar.
El primer día que me presenté en el nuevo trabajo estaba muerto de nervios, ni bien entré, hablé con el Jefe que me preguntó mi nombre y diciéndome un par de palabras vacías mandó llamar a su asistente y le dijo que me llevará a mi lugar de trabajo y me diera las indicaciones necesarias.
-Lleva a Javier que es nuevo.
-Si Jefe.
En el camino le dije al tipo (un enano al que nunca vi reír) que yo no me llamaba Javier si no Jaime, claro él me ignoró olímpicamente y al irse me dijo "acá lo dejo señor Javier". Y fue así como poco a poco todos en la empresa me empezaron a llamar por ese nombre a pesar de mis (inútiles) aclaraciones. Así que con el tiempo al notar que era una pérdida de tiempo tratar de aclararlo me resigné a "llamarme Javier" (en el fondo hasta le tomé cierto cariño a ese nombre). Con el tiempo llegó el aniversario de la empresa y para los festejos organizaron un almuerzo de confraternidad (que en el fondo no fue otra cosa que una borrachera atroz y puñalera donde todos rajaban de la empresa y los jefes) y un sorteo donde el primer premio era un viaje al Cuzco y el segundo una tv gigantesca de mil pulgadas y no sé qué más chucherías encima.
Para efectuarse el tan deseado sorteo el jefe anunció que había escrito los nombres de cada trabajador en unos papelitos que el hijo del dueño irá sacando para anunciar a los ganadores. El primero se lo llevó (para sorpresa de nadie) la secretaria (y eventual amante) del dueño de la empresa y el segundo lugar fue para "Javier" cosa que mis compañeros recibieron con gran chacota y algarabía (y con grandes sospechas de que yo fuera el amante gay del dueño de la empresa).
Cuando me acerqué al jefe, éste me dio un ticket con el nombre de una conocida tienda para que pase a recoger mi nueva tv. Al día siguiente pedí permiso para ir a reclamar mi premio y apenas llegué a la tienda presenté mi ticket con mis documentos pero por toda respuesta recibí un gran insulto: "estafador" que en mis documentos decía Jaime y no "Javier" y a pesar que me deshice en explicaciones no me dieron nada. Cuando volví al trabajo fui a quejarme y por toda respuesta recibí otro insulto: "mentiroso" por parte de mi jefe que me acusó de haberlo engañado todo el tiempo diciéndole que me llamaba "Javier".
Viéndome enfrascado en tan absurda situación opté por ir al departamento de Recursos Humanos donde una vez más me quejé y donde me dieron la más absurda de las respuestas: que nada se podía hacer, el ticket había sido elaborado con ese nombre y no lo podían cambiar, salvo si tenía un hermano que se llame Javier...
Fue así como por una absurda confusión que nunca pude aclarar, terminé perdiendo mi premio que fue a parar en el comedor de la empresa luego de ser declarado desierto el segundo lugar.
viernes, 13 de marzo de 2009
SECUESTRADOR
"Si desean de regreso a Pipo deben entregar 200 dólares, déjenlo en la última banca del Parque que está frente a su casa, luego recibirán instrucciones para recogerlo".
La lectura por parte de José, el fiel chofer, dejo asombrados a todos: Daniel, el padre, pareció congelarse junto a su taza de café. Karina, la madre, pareció quedar suspendida en el aire mientras bajaba el último escalón. A Carol, la engreída de 7 años, se le petrificaron las lágrimas y sus mocos se volvieron una dura costra. Sus oídos no daban crédito a lo que acababan de escuchar. No deliberaron mucho, de por medio estaba la tranquilidad de Carol ("Carito" en sus momentos de engreimiento), así que encargaron a José haga el trato y al día siguiente ya estaba "Pipo" de nuevo en casa, dejando su cagarrunta por todos lados como muestra de indescriptible felicidad.
En la calle del frente un gozoso tipo se frotaba las manos con los 200 dólares mientras planeaba su próximo golpe: "Mito", el bullero y nervioso Shitzu que todos los días paseaban unos niños en el mismo parque. Con mucho menos esfuerzo de lo planeado ya tenía a "Mito" en su casa, crispándole los nervios hasta el infinito con sus ladridos. Quizá fue por eso que no midió bien el alcance de lo que había hecho. Envió la nueva nota de rescate y con unos tapones en los oídos se hecho a dormir esperando nuevamente dinero fresco.
Cuando fue en busca del nuevo botín lo que encontró no fue precisamente dinero si no el frío del cañón de una pistola acariciándole la nuca. Cuando volteó estaba ahí un tipo enorme y con los ojos inyectados de venganza. Caviló tratando de ubicar ese rostro en sus recuerdos pero no lo reconoció (en ese ejercicio mental llego a recordar a un olvidado profesor de primaria incluso). De su bolsillo (como si fuera el bolsillo de un mago desde donde empiezan a surgir cosas impensadas) empezaron a salir desde billetes que nunca tuvo hasta navegables cantidades de cocaína. Sólo ahí cayó en cuenta: le habían sembrado drogas para inculparlo, todo el tiempo había estado seguro que por ser "secuestrador" de mascotas no iría preso, pero las drogas eran ya una cosa seria.
La lectura por parte de José, el fiel chofer, dejo asombrados a todos: Daniel, el padre, pareció congelarse junto a su taza de café. Karina, la madre, pareció quedar suspendida en el aire mientras bajaba el último escalón. A Carol, la engreída de 7 años, se le petrificaron las lágrimas y sus mocos se volvieron una dura costra. Sus oídos no daban crédito a lo que acababan de escuchar. No deliberaron mucho, de por medio estaba la tranquilidad de Carol ("Carito" en sus momentos de engreimiento), así que encargaron a José haga el trato y al día siguiente ya estaba "Pipo" de nuevo en casa, dejando su cagarrunta por todos lados como muestra de indescriptible felicidad.
En la calle del frente un gozoso tipo se frotaba las manos con los 200 dólares mientras planeaba su próximo golpe: "Mito", el bullero y nervioso Shitzu que todos los días paseaban unos niños en el mismo parque. Con mucho menos esfuerzo de lo planeado ya tenía a "Mito" en su casa, crispándole los nervios hasta el infinito con sus ladridos. Quizá fue por eso que no midió bien el alcance de lo que había hecho. Envió la nueva nota de rescate y con unos tapones en los oídos se hecho a dormir esperando nuevamente dinero fresco.
Cuando fue en busca del nuevo botín lo que encontró no fue precisamente dinero si no el frío del cañón de una pistola acariciándole la nuca. Cuando volteó estaba ahí un tipo enorme y con los ojos inyectados de venganza. Caviló tratando de ubicar ese rostro en sus recuerdos pero no lo reconoció (en ese ejercicio mental llego a recordar a un olvidado profesor de primaria incluso). De su bolsillo (como si fuera el bolsillo de un mago desde donde empiezan a surgir cosas impensadas) empezaron a salir desde billetes que nunca tuvo hasta navegables cantidades de cocaína. Sólo ahí cayó en cuenta: le habían sembrado drogas para inculparlo, todo el tiempo había estado seguro que por ser "secuestrador" de mascotas no iría preso, pero las drogas eran ya una cosa seria.
jueves, 5 de marzo de 2009
COSA (O CASA) DE LOCAS
Es verano y estoy en casa de Yvonne, hace un calor sofocante y ni los ventiladores nos refrescan. Decidimos abrir la puerta y ventanas en espera de un aire fresco que nos alivie un poco el bochorno, pero nada de eso sucede. Hastiados ya de la situación y muertos de sed decidimos ir a la cocina en busca de algo helado para beber.
Cuando volvemos con una coca cola en mano cada uno, nos damos con tremenda sorpresa: en el sofá de la sala, despatarrada y viendo televisión está sentada…¡una loca! Ni ella ni yo sabemos qué hacer, sólo atinamos a mirarnos atónitos y confundidos. La loca se pone de pie, le quita la coca cola de la mano y se vuelve a sentar mientras se ríe a grandes carcajadas viendo las escenas de un violento crimen.
-Sácala.
-¿Yo por qué?
-Porque eres el hombre.
-A chucha, machista eres ahora, si te viera Flora Tristán le da chucaque.
-Chucaque me va dar a mí con esa loca en mi sofá.
-Por eso mismo, es tu sofá, tu loca, ergo tu problema mamita.
-No papito, fuiste tú el de la idea de abrir la puerta.
-La culpa es del calentamiento global.
En plena discusión la loca alza la voz.
-Pueden hablar más bajo por favor, es el colmo que una no pueda estar en paz nunca.
Volvemos a mirarnos.
-¿Estás segura que no es tu vieja? Hablan igualito.
-Cállate idiota, en lugar de derramar tanta tontería saca a esa loca de acá.
-Me rehúso, soy libre por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de la causa que Dios defiende.
-SÁ-CA-LA
-Bueno pero no te enojes.
Me acerco a la loca y cuando le voy a pedir que se vaya ella me da la coca cola y me pide que le traiga otra pero "más helada porque hace mucho calor". Me siento absurdo y dudo entre traerle otra, salir corriendo o volver a intentar decirle algo pero la mirada furiosa de Yvonne me convence de hacer un nuevo intento. Le pido por favor se retire, ella me mira burlona y me dice "no jodas y no me hables hasta los comerciales". Sin más opción me quedo a esperar los comerciales mientras Yvonne me hace todo tipo de gestos para que la eche y yo ya no sé a qué loca hacerle caso (si a la que está sentada o la que está de pie haciéndome gestos).
Cuando llegan los ansiados comerciales voltea y me dice:
-Ahora si jovencito ¿qué desea?, ¿para que soy buena?
-Deseo que se retire, usted entró acá y está no es su casa.
-Mierda, Colón eres, descubriste América.
-No es eso…
-Si ya sé que no e mi casa pero sólo quiero ver un poco de televisión y descansar un rato, no sabes lo jodido que es la calle, nadie nunca me da la razón, cómo si no la tuviera.
Miro a Yvonne y sin más nos resignamos a esperar que se vaya sola, lo que no tarda más de cinco minutos. Se pone de pie, sacude su descolorido vestido y haciéndonos un gesto de despedida se va sin más. Lo primero que hacemos es trancar la puerta, luego cargar el sofá y sacarlo al jardín a la espera de deshacernos de él mientras pienso qué al final me quedé con la más loca.
Cuando volvemos con una coca cola en mano cada uno, nos damos con tremenda sorpresa: en el sofá de la sala, despatarrada y viendo televisión está sentada…¡una loca! Ni ella ni yo sabemos qué hacer, sólo atinamos a mirarnos atónitos y confundidos. La loca se pone de pie, le quita la coca cola de la mano y se vuelve a sentar mientras se ríe a grandes carcajadas viendo las escenas de un violento crimen.
-Sácala.
-¿Yo por qué?
-Porque eres el hombre.
-A chucha, machista eres ahora, si te viera Flora Tristán le da chucaque.
-Chucaque me va dar a mí con esa loca en mi sofá.
-Por eso mismo, es tu sofá, tu loca, ergo tu problema mamita.
-No papito, fuiste tú el de la idea de abrir la puerta.
-La culpa es del calentamiento global.
En plena discusión la loca alza la voz.
-Pueden hablar más bajo por favor, es el colmo que una no pueda estar en paz nunca.
Volvemos a mirarnos.
-¿Estás segura que no es tu vieja? Hablan igualito.
-Cállate idiota, en lugar de derramar tanta tontería saca a esa loca de acá.
-Me rehúso, soy libre por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de la causa que Dios defiende.
-SÁ-CA-LA
-Bueno pero no te enojes.
Me acerco a la loca y cuando le voy a pedir que se vaya ella me da la coca cola y me pide que le traiga otra pero "más helada porque hace mucho calor". Me siento absurdo y dudo entre traerle otra, salir corriendo o volver a intentar decirle algo pero la mirada furiosa de Yvonne me convence de hacer un nuevo intento. Le pido por favor se retire, ella me mira burlona y me dice "no jodas y no me hables hasta los comerciales". Sin más opción me quedo a esperar los comerciales mientras Yvonne me hace todo tipo de gestos para que la eche y yo ya no sé a qué loca hacerle caso (si a la que está sentada o la que está de pie haciéndome gestos).
Cuando llegan los ansiados comerciales voltea y me dice:
-Ahora si jovencito ¿qué desea?, ¿para que soy buena?
-Deseo que se retire, usted entró acá y está no es su casa.
-Mierda, Colón eres, descubriste América.
-No es eso…
-Si ya sé que no e mi casa pero sólo quiero ver un poco de televisión y descansar un rato, no sabes lo jodido que es la calle, nadie nunca me da la razón, cómo si no la tuviera.
Miro a Yvonne y sin más nos resignamos a esperar que se vaya sola, lo que no tarda más de cinco minutos. Se pone de pie, sacude su descolorido vestido y haciéndonos un gesto de despedida se va sin más. Lo primero que hacemos es trancar la puerta, luego cargar el sofá y sacarlo al jardín a la espera de deshacernos de él mientras pienso qué al final me quedé con la más loca.
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