jueves, 26 de marzo de 2009

Asalto de Navidad

Vamos a comprar con un amigo un regalo para su sobrino, decidimos ir al congestionado (y una vez chamuscado) "Mesa Redonda". Encontramos todo tipo de juguetes pero el que nos termina convenciendo es un carro enorme a batería donde cabe un niño grande, el vendedor se ha disfrazado estratégicamente de Papá Noel y con un tono de voz al ritmo de villancicos nos endulza acerca de todas las bondades de ese pequeño bólido, yo miro a mi amigo y le digo que es una buena oferta y a su sobrino le va encantar. En su afán por convencernos, nuestro improvisado viejito pascuero arrancha a un niño de los brazos de su madre y lo monta en el carro, faltaba más, nos convence. Le damos el dinero, nos envuelve el juguete en papel regalo y sentimos que hemos hecho un buen trato. Esquivando todo tipo de personaje que nos rodea llegamos a un taxi y me pide acompañarlo a su casa para entregarle el regalo a su sobrino "me llega esperar al 24, se lo doy hoy mismo", emocionado por participar en tamaña postal navideño-familiar no lo pienso mucho y me subo al taxi, en el camino hacemos todo tipo de bromas sobre cómo lo tomará su sobrino.

Cuando llegamos a casa del niño le entrega el regalo sin mayor trámite y él sin mayor trámite (ni siquiera le agradece) destroza la envoltura y destroza, de paso, su ilusión: lo que va emergiendo debajo de esos jirones de papel regalo nos deja patitiesos, de aquel bólido pistero que vimos hace un rato no hay nada, solo asoma un montón de pedazos de plástico y tecnopor, sintiéndonos ultrajados en nuestra inteligencia, tomamos todos los restos de basura y en otro taxi nos vamos de vuelta en búsqueda de ese Papá Noel estafador. Cuando llegamos encontramos una muralla de policías delante del puesto, a nuestro estafador navideño enmarrocado y sometido y al lado un montón de cojudos haciendo fila con su respectivo paquete de basura en brazos listos para reclamar. Humillados y avergonzados dejamos discretamente a un lado nuestro paquete y nos marchamos cada uno por su lado sin despedirnos.

jueves, 19 de marzo de 2009

YO NO ME LLAMO JAVIER (DEJEN YA DE JODER)

Por si alguien no lo sabe mi nombre es Jaime, "Jimmy" es como me llaman cariñosamente mis amigos cercanos. Resulta que hace unos años postulé a un trabajo e increíblemente fui contratado de forma inmediata (pese a no saber ni medio sobre el trabajo).

El primer día que me presenté en el nuevo trabajo estaba muerto de nervios, ni bien entré, hablé con el Jefe que me preguntó mi nombre y diciéndome un par de palabras vacías mandó llamar a su asistente y le dijo que me llevará a mi lugar de trabajo y me diera las indicaciones necesarias.

-Lleva a Javier que es nuevo.
-Si Jefe.


En el camino le dije al tipo (un enano al que nunca vi reír) que yo no me llamaba Javier si no Jaime, claro él me ignoró olímpicamente y al irse me dijo "acá lo dejo señor Javier". Y fue así como poco a poco todos en la empresa me empezaron a llamar por ese nombre a pesar de mis (inútiles) aclaraciones. Así que con el tiempo al notar que era una pérdida de tiempo tratar de aclararlo me resigné a "llamarme Javier" (en el fondo hasta le tomé cierto cariño a ese nombre). Con el tiempo llegó el aniversario de la empresa y para los festejos organizaron un almuerzo de confraternidad (que en el fondo no fue otra cosa que una borrachera atroz y puñalera donde todos rajaban de la empresa y los jefes) y un sorteo donde el primer premio era un viaje al Cuzco y el segundo una tv gigantesca de mil pulgadas y no sé qué más chucherías encima.

Para efectuarse el tan deseado sorteo el jefe anunció que había escrito los nombres de cada trabajador en unos papelitos que el hijo del dueño irá sacando para anunciar a los ganadores. El primero se lo llevó (para sorpresa de nadie) la secretaria (y eventual amante) del dueño de la empresa y el segundo lugar fue para "Javier" cosa que mis compañeros recibieron con gran chacota y algarabía (y con grandes sospechas de que yo fuera el amante gay del dueño de la empresa).

Cuando me acerqué al jefe, éste me dio un ticket con el nombre de una conocida tienda para que pase a recoger mi nueva tv. Al día siguiente pedí permiso para ir a reclamar mi premio y apenas llegué a la tienda presenté mi ticket con mis documentos pero por toda respuesta recibí un gran insulto: "estafador" que en mis documentos decía Jaime y no "Javier" y a pesar que me deshice en explicaciones no me dieron nada. Cuando volví al trabajo fui a quejarme y por toda respuesta recibí otro insulto: "mentiroso" por parte de mi jefe que me acusó de haberlo engañado todo el tiempo diciéndole que me llamaba "Javier".

Viéndome enfrascado en tan absurda situación opté por ir al departamento de Recursos Humanos donde una vez más me quejé y donde me dieron la más absurda de las respuestas: que nada se podía hacer, el ticket había sido elaborado con ese nombre y no lo podían cambiar, salvo si tenía un hermano que se llame Javier...

Fue así como por una absurda confusión que nunca pude aclarar, terminé perdiendo mi premio que fue a parar en el comedor de la empresa luego de ser declarado desierto el segundo lugar.

viernes, 13 de marzo de 2009

SECUESTRADOR

"Si desean de regreso a Pipo deben entregar 200 dólares, déjenlo en la última banca del Parque que está frente a su casa, luego recibirán instrucciones para recogerlo".

La lectura por parte de José, el fiel chofer, dejo asombrados a todos: Daniel, el padre, pareció congelarse junto a su taza de café. Karina, la madre, pareció quedar suspendida en el aire mientras bajaba el último escalón. A Carol, la engreída de 7 años, se le petrificaron las lágrimas y sus mocos se volvieron una dura costra. Sus oídos no daban crédito a lo que acababan de escuchar. No deliberaron mucho, de por medio estaba la tranquilidad de Carol ("Carito" en sus momentos de engreimiento), así que encargaron a José haga el trato y al día siguiente ya estaba "Pipo" de nuevo en casa, dejando su cagarrunta por todos lados como muestra de indescriptible felicidad.

En la calle del frente un gozoso tipo se frotaba las manos con los 200 dólares mientras planeaba su próximo golpe: "Mito", el bullero y nervioso Shitzu que todos los días paseaban unos niños en el mismo parque. Con mucho menos esfuerzo de lo planeado ya tenía a "Mito" en su casa, crispándole los nervios hasta el infinito con sus ladridos. Quizá fue por eso que no midió bien el alcance de lo que había hecho. Envió la nueva nota de rescate y con unos tapones en los oídos se hecho a dormir esperando nuevamente dinero fresco.

Cuando fue en busca del nuevo botín lo que encontró no fue precisamente dinero si no el frío del cañón de una pistola acariciándole la nuca. Cuando volteó estaba ahí un tipo enorme y con los ojos inyectados de venganza. Caviló tratando de ubicar ese rostro en sus recuerdos pero no lo reconoció (en ese ejercicio mental llego a recordar a un olvidado profesor de primaria incluso). De su bolsillo (como si fuera el bolsillo de un mago desde donde empiezan a surgir cosas impensadas) empezaron a salir desde billetes que nunca tuvo hasta navegables cantidades de cocaína. Sólo ahí cayó en cuenta: le habían sembrado drogas para inculparlo, todo el tiempo había estado seguro que por ser "secuestrador" de mascotas no iría preso, pero las drogas eran ya una cosa seria.

jueves, 5 de marzo de 2009

COSA (O CASA) DE LOCAS

Es verano y estoy en casa de Yvonne, hace un calor sofocante y ni los ventiladores nos refrescan. Decidimos abrir la puerta y ventanas en espera de un aire fresco que nos alivie un poco el bochorno, pero nada de eso sucede. Hastiados ya de la situación y muertos de sed decidimos ir a la cocina en busca de algo helado para beber.

Cuando volvemos con una coca cola en mano cada uno, nos damos con tremenda sorpresa: en el sofá de la sala, despatarrada y viendo televisión está sentada…¡una loca! Ni ella ni yo sabemos qué hacer, sólo atinamos a mirarnos atónitos y confundidos. La loca se pone de pie, le quita la coca cola de la mano y se vuelve a sentar mientras se ríe a grandes carcajadas viendo las escenas de un violento crimen.

-Sácala.
-¿Yo por qué?
-Porque eres el hombre.
-A chucha, machista eres ahora, si te viera
Flora Tristán le da chucaque.
-Chucaque me va dar a mí con esa loca en mi sofá.
-Por eso mismo, es tu sofá, tu loca, ergo tu problema mamita.
-No papito, fuiste tú el de la idea de abrir la puerta.

-La culpa es del calentamiento global.

En plena discusión la loca alza la voz.

-Pueden hablar más bajo por favor, es el colmo que una no pueda estar en paz nunca.

Volvemos a mirarnos.

-¿Estás segura que no es tu vieja? Hablan igualito.
-Cállate idiota, en lugar de derramar tanta tontería saca a esa loca de acá.
-Me rehúso, soy libre por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de la causa que Dios defiende.
-SÁ-CA-LA
-Bueno pero no te enojes.


Me acerco a la loca y cuando le voy a pedir que se vaya ella me da la coca cola y me pide que le traiga otra pero "más helada porque hace mucho calor". Me siento absurdo y dudo entre traerle otra, salir corriendo o volver a intentar decirle algo pero la mirada furiosa de Yvonne me convence de hacer un nuevo intento. Le pido por favor se retire, ella me mira burlona y me dice "no jodas y no me hables hasta los comerciales". Sin más opción me quedo a esperar los comerciales mientras Yvonne me hace todo tipo de gestos para que la eche y yo ya no sé a qué loca hacerle caso (si a la que está sentada o la que está de pie haciéndome gestos).

Cuando llegan los ansiados comerciales voltea y me dice:

-Ahora si jovencito ¿qué desea?, ¿para que soy buena?
-Deseo que se retire, usted entró acá y está no es su casa.
-Mierda, Colón eres, descubriste América.
-No es eso…
-Si ya sé que no e mi casa pero sólo quiero ver un poco de televisión y descansar un rato, no sabes lo jodido que es la calle, nadie nunca me da la razón, cómo si no la tuviera.

Miro a Yvonne y sin más nos resignamos a esperar que se vaya sola, lo que no tarda más de cinco minutos. Se pone de pie, sacude su descolorido vestido y haciéndonos un gesto de despedida se va sin más. Lo primero que hacemos es trancar la puerta, luego cargar el sofá y sacarlo al jardín a la espera de deshacernos de él mientras pienso qué al final me quedé con la más loca.

jueves, 26 de febrero de 2009

ESPERANDO (SENTADO)

Es lunes y me he quedado dormido (el día anterior me he emborrachado con una amiga que acaba de volver a Lima), voy retrasado al trabajo. He subido a una degradante y genocida combi limeña que va a una velocidad de fórmula 1 sin frenar siquiera al momento de doblar una calle. A pesar de estar abarrotada de gente (algunos mal sentados y otros doblados en tres) en una esquina suben un par de personas más: una anciana que refunfuña de todo y una chica muy sexy pero nadie les da asiento así que yo haciendo gala de mis modales le doy el asiento no a la anciana si no a esa preciosura que tan rico huele, pero ella me dice que no gracias pero que si por favor le puedo llevar su cartera para así poder sujetarse bien en cada zamaqueada que nos mete el chofer asesino, cosa a la que no me niego.

Al rato me despierto sobresaltado (me he quedado dormido, la juerga del día anterior me empieza pasar la factura) y noto que me he pasado un par de calles así que me busco a la chica que me dio su cartera, pero veo que no está. Sin más opción bajo y me voy al trabajo (obviamente que al verme ingresando con una cartera soy blanco de las más arteras bromas de mis compañeros)

Cuando ya estoy solo decido abrir la cartera en busca de alguna pista de cómo ubicar a la chica que me la dio. Al vaciar su contenido voy encontrando las cosas habituales: ni, maquillaje, lapiceros, encendedor, un celular y algo que sin saber qué es me llama la atención, cuando me fijo bien es un súper sexy hilo dental negro que en cuestión de segundos me hace alucinar febrilmente a la dueña de esa preciada prenda. Luego, entre emocionado y excitado por tan portentoso descubrimiento, decido llamar a un número que encontré en su celular bajo el nombre de "casa". Cuando llamo pregunto por ella (he visto su nombre en el dni) y dejo mi número con el encargo de que tengo su cartera.

Ese mismo día en la noche me llama y queda conmigo en pasar por mi casa al día siguiente muy temprano. Tal cual quedamos se presenta en mi casa antes de las siete de la mañana y yo que desde las cinco la espero ansioso la invito a pasar pero ella me dice que no, que está apurada.

-¿Te puedo agradecer de alguna manera?
-Lo ideal sería que usaras ese hilo dental delante mío.
-¿Tú crees?
-Claro, luego moriría feliz, en pleno orgasmo.
-Por ahora no será posible.
-Lo sé.
-Pero queda pendiente, yo te llamo.
-Gracias, esperaré ansioso tu llamada.
-Seguro guapo.


Han pasado cuatro años y sigo esperando su llamada.

jueves, 19 de febrero de 2009

¿GENEROSIDAD?

El domingo quedé en cenar con una amiga a la que no veía hace mucho tiempo. Si bien no habíamos acordado previamente qué o dónde comer algo nos terminamos encontrando justo delante de una pollería, así que sin más pensarlo entramos a comer un peruanísimo pollo a la brasa. Cuando nos trajeron la carta encontramos entre los platos que nos ofrecían uno muy tentador: carne a la parrilla, bife, chorizos anticuchos y dos cuartos de pollo a la brasa más una gaseosa como de 35 litros, así que con la intención de cometer el pecado de la gula no lo dudamos y pedimos tamaña tentación.

No se tardaron mas de diez minutos en servirnos y en menos de diez minutos ya habíamos arrasado con parrilla, anticuchos, chorizos y bifes (sin hablar ni media palabra, la verdad ni a ella ni a mí nos interesaba que había sido de nuestra vida en todo este tiempo, sólo queríamos tragarnos esas jugosas carnes) pero aún nos sobrevivían dos humeantes y carnosos cuartos de pollo que valgan verdades ya no nos entraban en nuestros abotagados estómagos de tantas carnes.

-La verdad no me entra ni el agua.
-A mí tampoco Jimmy ¿qué hacemos?
-Llamar una ambulancia para que me lleve a mi casa, voy explotar.
-No, ¿qué hacemos con los cuartos de pollo?
-Dejarlos nomás, yo ya no puedo ni tragar saliva.
-Pero me da pena.
-Ya están muertos, normal nomás.
-No es eso.
-¿Entonces?
-Es que ya están pagados.
-Eso si.
-Me da pena que se pierdan.
-Nada, ya están grandes, seguro no se pierden.
-Digo que deberíamos llevarlos.
-A ya, tienes razón, pide que te los den para llevar.
-Pero me palteo.
-Normal nomás
-Me da roche.
-Ya sé, tengo una idea.


Llamo al mesero y le pido que me aliste esos dos cuartos de pollo para llevar.

-Son para mi perrito, ya sabes como son las mascotas, luego se resienten si uno no les lleva algo.
-No se preocupe, yo entiendo.

Me dice eso, me hace un guiño cómplice y se va llevándo el pollo. Al momento regresa con una bolsa pero no con una del tamaño adecuado para dos cuartos de pollo, muy por el contrario es una bolsa inmensa que más bien parece contener cinco pollos super gordos y me la entrega.

-¿Qué es esto?
-Su pollo joven.
-Te has equivocado, lo mío eran apenas dos cuartos.
-Si lo sé, pero LE AUMENTÉ LOS RESTOS DE COMIDA DE LOS DEMÁS para que su perrito no se queje.
-No jodas!!
-¿Perdón?
-Nada, muchas gracias.


Mi amiga y yo nos miramos confundidos y nos sentimos los más grandes cojudos de la noche, salimos a la calle y apenas vemos unos perros callejeros le abrimos la bolsa y nos vamos fumando y resignados (a ser los más grandes tontos de la noche)

jueves, 12 de febrero de 2009

CASI LO MISMO (PERO NO)

Hace varios días que no visitaba a mi madre así que ayer decidí pasar por su casa comprándole antes unos chocolates que le gustan mucho, pero tuve la mala suerte (no sé de qué me extraño si siempre la he tenido) de llegar justo cuando ella salía a hacer unos pagos así que me pidió la esperara un rato y de paso reciba a una viejísima tía mía a quien sólo conocía de nombre (María). Fue justamente por esas razones que le pregunté cómo la iba reconocer y ella me dio por toda respuesta "es una viejita, es la única que va tocar la puerta". Sin más qué hacer me senté a leer el diario (y comerme el chocolate que traje de regalo) mientras esperaba la visita.

Fue entonces que cuando ya me dormía en la espera sentí que tocaban la puerta, me fijé por la mirilla y efectivamente ahí estaba ella: una viejita arrugadísima y llena de canas que miraba ansiosa la puerta y yo conmovido por esa mirada que me resultaba tan familiar abrí la puerta, le dí un beso y sin más preámbulos la hice pasar y le pregunté si deseaba algo.

-¿Puedo usar el baño?
-Claro, cómo no.
-Gracias.
-Adelante.

Cuando salió del baño le pregunté si deseaba servirse algo.

-No gracias.
-Pero no sea así, tómese algo, mire que el frío...
-Ya que insistes te acepto un anís.
-Enseguida se lo traigo.


Sin tardarme mucho le llevé una humeante taza de anís que ella tomó precipitadamente y sin quemarse. Ni bien la terminó me dijo si podía recostarse un rato porque se sentía un tanto cansada y yo conmovido por su fragilidad y conocedor del ancestral vinculo familiar que nos unía no dudé en decirle que si y hasta sentarme a su lado y contarle mi vida mientras ella cogía sueño, cosa que no tardó mucho en suceder porque apenas empezaba ella ya roncaba como un camión viejo.

En ese momento regresó mi madre acompañado de una vieja tan vieja como la que yacía dormida tal placidamente en el sofá y mientras yo me llevaba el dedo a la boca en señal de silencio ella me miraba entre extrañada y horrorizada:

-¿Quién carajo es esa vieja?
-¿Cómo qué quién? es mi tía María.
-Oye pavazo, esa vieja no la conozco, ésta es tu tía (mientras zarandeaba del brazo a la verdadera María)

Me dijo esto mientras mi falsa tía pedía con su adormilada voz "menos bulla porque no dejan dormir" y yo entre rojo de la verguenza y conmovido por la impostora decidí despertarla y preguntarle quién era.

-Me llamo Angélica.
-¿Y qué hace acá?
-Usted debería responder eso, yo sólo pasaba por acá y me orinaba así que estaba tocando puertas a ver quien me prestaba el baño.
-La cagada.
-¿Cómo dice?
-No nada.

Sin más que hacer le pedí que se retire, ella se suso de pie, cogió los chocolates (o lo que quedaba de ellos) que traje para mi madre, se miró en el espejo y haciendo un gesto altivo se fue sin decirnos más, mientras mi madre me miraba furiosa y yo agachaba la cabeza avergonzado.

jueves, 5 de febrero de 2009

LECTURAS PELIGROSAS

Tengo la costumbre de escuchar música a todo volumen en el reproductor y leer mientras viajo en bus. Siempre llevo un libro en mi fiel y trajinada mochila y hoy no tenía que ser diferente, así que apenas abordé uno, me senté, subí el volumen, saqué mi libro (DesayunoenTiffany's) y me puse a leer distraídamente, tan distraídamente que cuando alcé la mirada noté que ya hace varias calles había pasado mi paradero, entonces guardé apresuradamente el libro en la mochila y ni bien avancé sentí que ésta se atracó en algo, así que por el apuro tiré con fuerza de ella pero no logre zafarla, entonces voltee a ver qué diablos la tenía atrapada y lo que vi me dejó pasmado: en mi apuro al guardar el libro no noté que al cerrarla, el cierre de la mochila había atrapado el pelo (largo y rubio de farmacia) de la chica que estaba sentada delante de mí y era de ella (o de su cabello) de quien tiraba con fuerza y claro, no oí sus quejas por el alto volumen del reproductor.

Lo que hice entonces fue deshacerme en disculpas mientras trataba de correr el cierre para liberar su pelo. La gente estaba dividida en dos bandos: los burlones que apenas ahogaban su risa y los amargados que no cesaban de decir cosas cómo "irresponsable" o "deberían detenerlo" incluso. Apenas liberé su cabello bajé del micro como alma que lleva el diablo mientras analizaba las consecuencias que puede traer la lectura apasionada en un micro.

jueves, 29 de enero de 2009

ALFILERES EN EL MICRO

Estoy viajando en la 23 desde el centro hacia San Borja cuando sube el enésimo vendedor de penas a convencernos con sus palabras y su arte para que le demos dinero. Éste es un tipo con cara de maleante venido a menos que saca unos alfileres y se los empieza a clavar en el cuerpo mientras nos cuenta que ése es un arte que aprendió en la cárcel. Cuando ya se ha clavado como 8 alfileres y se va incrustar otro en la nariz, de pronto (como es normal) el chofer pisa el freno en seco y todos nos vamos hacia delante, cuando hubo vuelto la calma (y nuestros estómagos a sus lugares) notamos algo que nos llena de asco y horror: al tipo se le ha clavado el alfiler en un ojo y ahora da alaridos quejumbrosos y se llena de sangre la cara mientras nadie atina hacer nada menos yo que trato de fingir que no he visto nada mientras vuelvo la vista sobre mi libro y mis oídos al reproductor pero los gritos del tipo son cada vez más fuertes y no puedo disimular más hasta que un tipo le dice al chofer que se detenga porque hay que auxiliar al pobre personaje pero el chofer no se detiene a pesar de que la protesta ya es generalizada y cuando me voy a sumar al coro de reclamos veo que mi paradero es el siguiente y levantando bien las piernas para no pisarlo (ni mancharme de sangre), aviso que voy a bajar y apenas pongo pies en tierra firme siento que me he sacado un gran peso de encima: por la confusión del accidente no me han cobrado el pasaje.

jueves, 22 de enero de 2009

DESALOJADO

Sandra ha decidido, a manera de expulsar demonios y malas vibras, remodelar su casa o sea que le cambien el piso, pinten y hagan algunas ampliaciones con sus correspondiente reducciones. Todo esto no debería preocuparme o extrañarme en lo más mínimo ya que estoy por demás acostumbrado a sus medidas radicales e impulsivas pero junto con esto decidió mudarse a mi casa (sin siquiera tener la delicadeza de preguntarme) hasta que la suya esté nuevamente habitable.

Los primeros días habían sido agradables, llegar a casa y encontrar alguien que te espera para acompañarte y encima con una comida digna de dioses es algo por demás deseable, pero con el transcurrir del tiempo nuestra relación amical se tornó francamente insostenible. Todo empezó un día que entré a lavarme los dientes y encontré el tubo de pasta dental destapado y, obviamente, la bendita tapita no estaba por ningún lado, cuando fui y le pregunte dónde estaba ella me respondió de lo mas fresca con su sonrisa de dientes recién cepillados "por ahí debe estar". Respuesta que me desesperó pero sacando cordura de donde no la hay opté por callar e ir a dormir.

Obviamente no pude dormir por la cólera y ella que había dormido toda la tarde y ahora estaba insomne puso música a todo volumen mientras chateaba y hablaba por teléfono (cómo diablos puede hablar por teléfono con esa bulla, es algo que nunca sabré). Así que hecho un demonio que no podía dormir me levanté y fui a pedirle por favor que dejara de hacer tanta bulla, claro que con la bulla que había no se dio por enterada. Entonces apagué su lap top y ella, frunciendo el ceño, me dijo:

-¿Qué te pasa?
-Que no puedo dormir.
-¿Y yo qué culpa tengo?
-Toda.
-No jodas, tú que estás más loco que el caballo del Quijote.
-No, la loca eres tú que a las cuatro de la madrugada sigue en una batahola de callejón.
-¿Y?
-¿Cómo que "Y"? deseo dormir y por lo tanto debes apagar todo esa bulla.
-Lo que pasa es que te estás volviendo viejo y aburrido.


Dijo esto y apagó todo. Sintiendo que había recobrado la autoridad sobre mis territorios, volví a mi cuarto, pero la sensación de victoria no me duró mucho, en verdad nada: ahora había encendido la televisión y veía a todo color (y todo volumen) a un chef preparando un exótico potaje que jamás nadie en su sano juicio comería. Como es de esperarse no pude dormir esa noche.

Ella, quizá notando su error, me preparó un exquisito desayuno y luego se fue dormir diciéndome esto:

-Ahora que te vas puedo dormir en paz, no sabes cómo me jode la bulla.
-Dímelo a mi carajo.


Me fui tirando la puerta. Cuando volví por la noche ella estaba fresca y energética, yo traía unas ojeras hasta el piso, entonces, motivado por el cansancio, decidí darme una ducha e irme a la cama sin más trámite. Me duché y cuando cogí mi toalla para sacarme, esta estaba ¡mojada! y si hay algo que odio en esta pútrida vida es justamente eso: encontrar mi toalla mojada, ni siquiera húmeda, no lo soporto. Cuando le reclamé, totalmente calato, por qué diablos mi toalla estaba así, me dijo que no encontró nada para secarse el cabello y usó mi toalla. Entonces no soporté más y le dije que si no se corregía, mañana mismo agarraba sus cosas y se iba a un hotel o a casa de alguna amiga. Ella me miró con ojos al borde del llanto y diciéndome "no jodas" me dio la espalda y se fue (a tirar a la basura la cena que me había preparado).

Me metí a mi cama y justo cuando sentía que encontraba el tan anhelado sueño ella entró, sin tocar ni avisar:

-Discúlpame.
-No se trata de eso, se trata de que corrijas tus hábitos, ésta no es tu casa.
-Lo sé, sólo quiero que me disculpes.
-Es que no pasa por eso.
-¿Me vas a disculpar o no?
-Bueno ya, te disculpo.
-¿Puedo dormir contigo?
-Sólo si prometes no hablar ni dormida.
-Ok.

De un salto elástico (y mal calculado) se metió a mi cama y golpeó mis más intimas partes, lo que me hizo dar un aullido cual fiera herida (y muy posiblemente estéril para el resto de su vida) entonces ella no sabiendo si acariciar, soplar o qué diablos hacer con la parte afectada me miró nerviosa y burlona, a mí -que las lágrimas se me salían- no me quedaban fuerzas siquiera para recriminarla. Me voltée y no sé si me quedé dormido del cansancio o desmayado por el dolor. Cuando me desperté a media madrugada sentí adormecido medio cuerpo y pensé que el golpe había sido más fuerte de lo que pensaba pero al instante descubrí el motivo: se había quedado dormida sobre mí y encima babeado media cara. La desperté –intenté hacerlo en verdad- y ella dio manazos al aire como peleando con un invisible rival, luego gritó y me tiró una bofetada y siguió dormida de lo más plácida y de lo más adormecedora encima mío.

Al día siguiente me levante, cansado y hemipléjico. Ella lo hizo feliz y me pidió dormir juntos todas las noches:

-Debería mudarme contigo.
-¿Estás loca?
-No, pero contigo he dormido como no dormía en años.
-Una noche más que duerma contigo y quedo totalmente paralizado.
-Exagerado.
-Asesina.


Esa noche cuando volví del trabajo la encontré dormida en mi cama justo de una manera en que no me permitía echarme, así que resignado guardé un poco de ropa y unos utensilios de aseo personal en una maleta y fui a casa de mi madre que sorprendida de verme llegar (y en ese ruinoso estado) me preguntó si me ha sucedido algo.

-Nada, sólo que estoy refaccionando mi casa y está en un desorden total.
-¿Te vas a quedar a dormir acá?
-¿Puedo?
-Claro.
-Gracias, madre no hay dos.


Duermo y toda la noche sueño con la vil manera que he sido desalojado de mi casa.

jueves, 15 de enero de 2009

VAMPIRA

La madre de un amigo ha sufrido un accidente grave y está internada, él me ha pedido que por favor done sangre, que ya no tiene dinero para seguir comprándola, me ha citado en el Hospital Loayza. Si los hospitales ya son de por si lugares deprimentes, éste le gana a todos: sus paredes grises, sus jardines malformes, su destartalado mobiliario y su antiquísimo instrumental lo hacen desear a uno saltearse ese paso y pasar de frente a la morgue. Cuando me encuentro con mi amigo se deshace en agradecimientos, eso me abruma, ya que la verdad si estoy ahí no es porque mi espíritu solidario me haya ganado (es más, carezco totalmente de uno), por el contrario, yo no quería ir pero la verdad es que no encontré manera de negarme ante el trance que afrontaba.

Luego de los saludos me lleva hacia el lugar donde hay que dar la sangre, me entrega una bolsa de papel que lleva dentro otra bolsa y unas cánulas. Hago una fila, cuando llego ante la encargada, ésta me entrega un formulario que debo llenar previamente. Lo leo y hay una pregunta absurda: si soy homosexual. Decido no responder y se lo entrego con esa respuesta en blanco, cuando lo lee me pregunta por qué no respondí, le digo que me parece una pregunta trasnochada, qué cómo pueden partir de la premisa que por el hecho de ser homosexual se es más promiscuo que un heterosexual, Me mira como diciendo "seguro eres cabro", me dice que si no respondo esa pregunta no puedo donar, luego de refunfuñar termino por responderla. Pongo que no lo soy, pero por dentro pienso que viendo mujeres como ella, ganas de volverme cabro no me faltan.

Luego de hacer otra fila, llego ante un tipo bajo, cetrino, de mirada huidiza, que me pide mi DNI, luego toma mi mano y pasa un algodón con alcohol sobre mi dedo medio, antes que le pregunte qué va hacer ya me pinchó el dedo y me está sacando sangre, sin decirme nada más me pide que espere un rato. Salgo y me pongo a esperar no sé qué. Luego de cinco minutos él mismo tipo me llama y dice que estoy "apto", que espere mi turno. Me pongo (una vez más) a esperar, pero como el lugar está atestado de donantes, algunos con la mirada asustada, otros que se hacen bromas entre ellos para darse valor, me siento abochornado y decido salir a esperar fuera del laboratorio.

Afuera ya es de tarde y el frío se siente con fuerza, sólo hay una banca vieja sobre la que una persona, vestida con un pantalón azul, una chompa verde y una bufanda roja que le cubre la cara, está tan encorvada y tapada que no llego a distinguir si es hombre o mujer. Me siento a su lado procurando no hacer bulla, de rato en rato volteo a mirarla, en una de esas me parece notar que no respira. Pienso que quizá se haya muerto de esperar, así que decido acercarme a escuchar si respira o no, cuando estoy cerca, siento una voz carrasposa:

-¿Me quieres robar?

Por la voz noto que es mujer, no sé cómo disculparme.

-No, sólo es que...
-Pensaste que estaba muerta y te asustaste.
-Sí, esa es la verdad.
-No te preocupes, no eres el primero, además algún día alguien tendrá razón y de verdad me encontraran muerta acá.


Sólo atino a sonreír mientras ella empieza estirarse, se retira la bufanda y el cabello que le cubre la cara y deja ver sus impresionantes ojeras y un aura negra que parece darle un maquillaje de película de terror a su rostro. Se pone de pie y estira las piernas, se despereza y me vuelve a mirar:

-¿Vienes a donar?
-Si, para un amigo.
-Ah, pensé que eras la competencia.
-¿De qué?
-No te me hagas el mocho ahora.
-En serio, no sé de qué me hablas.
-Yo soy una vampira.


Dice esto y mueve sus largas uñas como imitando a los vampiros de las películas. Caigo en cuenta que es una de esas personas que se dedican a vender su sangre en los hospitales. Mientras pienso qué decirle, escucho que me llaman, es mi turno. Entro, sin mucho trámite me piden que me acueste sobre la camilla, una enfermera (¿o doctora?) toma mi brazo, me pregunta:

-¿Es tu primera vez?
-Si.
-Entonces procuraré no ser muy ruda.
-En verdad me gustaría que lo sea.
-¿Eres masoquista?
-Sólo cuando estoy en los hospitales, me dan un no sé qué.


Estira mi brazo, pasa un algodon sobre una vena que se nota claramente.

-Que rica vena tienes.
-Lo mismo le dirá a todos.

Siento la punción, volteo y veo mi sangre que llena rápidamente una bolsa mientras una máquina zumba a mi lado, cuando miro hacia la otra camilla puedo ver a la chica con la que hablé afuera, ella mi mira y vuelve hacer un gesto vampiresco, esta vez con los dientes, yo sólo sonrío, me parece muy graciosa. Cuando termina de llenarse la bolsa me sacan la aguja y me piden que repose un rato. A los cinco minutos me dicen que ya puedo retirarme, ella también se para, mientras espero que me devuelvan mi DNI no puedo evitar mirarla: luce aún más desfalleciente y pálida que cuando la vi afuera, pareciera que si entrara una corriente de aire, ésta la mataría.

Al salir me pide un cigarro, le digo que en el hospital no podemos fumar, me mira como diciendo que soy un idiota, me toma de la mano y me lleva hacia la parte trasera. Hay unas ambulancias viejas, computadoras obsoletas y todo luce oxidado, es algo así como el depósito de los cachivaches del hospital. Le doy un cigarro, se lo enciendo, hago lo mismo con el mío, la miro nuevamente:

-No te preocupes que no me voy a morir.
-Parece.
-Tú pareces muy inocente con esa carita de mosca muerta que te manejas y no te lo creo.
-¿Cada qué tiempo lo haces?
-Cada tres semanas más o menos.
-¿No debería ser cada tres meses?
-Si, pero que voy hacer pues, de esto vivo.


Se terminan los cigarros, hay un silencio incomodo, no sabemos que decir, la verdad es que yo aún quiero hablar con ella.

-¿Vamos a tomar algo para el frío?

Se lo he propuesto casi sin pensar.

-Ya te estabas tardando.

Salimos del hospital, en la calle nos recibe una manada de taxistas, ambulantes, jaladores, putas y demás especimenes. Damos la vuelta y llegamos a un Café, nos sentamos y ella sugiere que pidamos unos jugos especiales.

-Para recuperar fuerzas.
-Que así sea.


Pedimos dos jugos especiales y unos sánguches triples. Ella acomoda su cabello largo y negro, hace un gesto y deja traslucir una belleza especial a pesar de su aspecto moribundo, es como una belleza indómita, rebelde, que se resiste a desaparecer de ese rostro a pesar de tanto jaleo.

-¿Cómo te llamas?
-Llámame Mara.
-Ok Mara.


Espero que pregunte mi nombre, pero no lo hace.

-¿Tienes mucho tiempo en esto de la sangre?
-Casi un año, una vez me pidieron por favor, de ahí me enteré que pagaban y como no consigo trabajo pues con ésto me recurseo mientras tanto.
-¿Mientras tanto?
-Si, voy a donar una vez más y de ahí paro la mano, me recupero y vendo un riñón, ya hasta comprador tengo, con esa plata me voy a Italia a trabajar allá.
-Que buen plan.
-Sí, ya estoy harta de esta vida, me estoy volviendo loca.
-¿Por qué?
-Mira, por ejemplo la vez pasada estaba cortando el pan y se me fue el cuchillo y me corté la mano, me salió un chorro enorme de sangre y en lugar de preocuparme en parar la hemorragia por mi salud, pensaba en cuánto dinero estaba perdiendo ahí, no vi mi sangre como algo que me da vida, si no como dinero, te juro que me sentí mal y así que ahí decidí parar lo más pronto posible.


La miro sin decirle nada, su historia me tiene alelado.

-Parezco loca ¿no?
-Un poco.
-Y eso te arrecha seguro.
-¿Por qué afirmas eso?
-Porque los hombres se arrechan de cualquier huevada.
-Me acojo a la quinta enmienda.
-¿Cuál es esa?
-La que me permite guardar silencio ante las preguntas.


Se ríe de buena gana, vuelve a acomodar su cabello, vuelve a asomar su belleza tan pálida, parece una princesa desastrada pero a la vez bella y envolvente, seductora sin proponérselo.

-¿Tienes teléfono?
-¿Ahora me quieres afanar?
-Si me dejas.
-Lamento decirte que no tengo, además no me busques, yo te encuentro, ya sabes que los vampiros tenemos un don especial.
-Entonces todas las noches sangraré un poco esperando que vengas por mi sangre.
-No me tientes.
-Esa es la idea, tentarte.
-Entonces esfuérzate más.

En eso llega el mesero, entrega la cuenta.

-Yo pago.
-Claro, yo no iba pagar, para eso dios te hizo hombre, para pagar las cuentas.


Cancelo, le digo que voy al baño. Cuando vuelvo ya no está, sobre la mesa hay una nota escrita en una servilleta: "Gracias, me voy a mi castillo, yo te busco Jaime, una mordida. Mara". Sabía mi nombre, eso me emociona un poco, salgo del Café, tomo un taxi, vuelvo a ver la servilleta, curiosamente está escrita con tinta roja. Suena mi celular, es mi amigo, maldigo, recuerdo que salí sin despedirme, mi dedo sangra, la ciudad también.

jueves, 8 de enero de 2009

DETENIDO

-Te buscan.
-¿Quién?
-Ricardo.
-¿Qué quiere?
-Que lo ayudes hacer un trabajo.
-Dile que ahí voy.

Mi tío me acaba de pasar la voz de un amigo que me busca, así que me alisto para salir. Cuando estoy alcanzando la puerta de la quinta donde vivo veo que entra un tipo corriendo con un revolver en la mano lo cual me detiene y me deja pensando en qué debo hacer pero en ese momento siento un golpe en la espalda que me tumba al piso. Cuando levanto la mirada lo primero que encuentro es el cañón de un fusil apuntándome directo a la cara y un tipo que me amenaza.

-No voltees porque te mato conchatumadre.
-¿Qué pasa?
-Tampoco hables carajo.


Ahora siento que alguien cae a mi lado, al voltear veo que es mi amigo Ricardo que me pide calma, que no pasa nada. Mientras él me habla el tipo que me apuntaba me ha sacado los pasadores de las zapatillas y me ha amarrado de manos y pies. De manera brusca me pone de pie y hace caminar a empujones a pesar que no lo puedo hacer bien por estar atado. Al llegar a la calle veo una camioneta estacionada y me dicen que suba, yo les digo que no puedo, entonces uno de ellos me toma por la cintura y el cabello, me levanta y tira de cara dentro de la tolva de la camioneta y a mí lado cae (una vez más) mi amigo.

Ni bien avanza la camioneta alzo la cabeza para que alguien de la calle que me conoce me vea y le avise a mi familia lo sucedido pero inmediatamente me pisan la cabeza y me advierten que no me mueva ni haga nada. Cuando han transcurrido unos cinco minutos escucho que hablan por una radio y aunque la estática me impide oír claramente lo que dicen al menos logro entender algo detrás de esas metálicas voces:

-Ya los tenemos capitán.
-¿Todo bien?
-Perfecto.

Entonces decido preguntar dónde vamos.

-Te vamos a llevar a la playa a matarte conchatumadre.

Esa amenaza me paraliza de miedo (todo esto me ha sucede en Barrios Altos, donde dos años antes un comando paramilitar asesinó cruelmente a unos individuos en una fiesta) entonces sólo agacho la cabeza y me resigno –increíblemente- a morir lleno de balas en una alejada playa limeña. Pero no es así, de pronto el carro se detiene y me bajan en medio de la calle y me obligan a caminar hacia un edificio que no tardo en reconocer como un local policial que sale en las noticias algunas veces. Mientras camino amarrado y cogido del cogote por un policía escucho los murmullos (idiotas) de la gente a mi alrededor. Que pena, tan joven y robando, tan blanquito y es un delincuente, qué habrán hecho, ojalá se pudran en la cárcel. Yo sólo pienso en llamar a mis padres y pedirles me rescaten.

Apenas doy unos pasos dentro del edificio y veo un policía sentado detrás de una máquina de escribir, entonces me libro del tipo que me tiene tomado y voy hacia él, le digo que me ayude.

-¿Qué te pasa?
-No sé por qué me han traído acá.
-Algo habrás hecho.
-Yo sólo salía de mi casa y estos tipos me detuvieron, apenas tengo dieciocho años
(le muestro mi recién estrenada libreta electoral)

El tipo parece intuir cierto error y se alarma. Se pone de píe y habla con los que me han traído pero ellos se ríen y no le prestan mucha atención y me llevan a una sala enorme, llena de policías sentados leyendo o dormitando, a ninguno parece llamarle la atención nuestra presencia. Ahora entran dos tipos enmarrocados a los cuales reconozco como unos delincuentes que viven en el mismo barrio que yo y uno de los policías me dice que ya nos jodimos, que ya cayó toda la banda. Entonces me doy cuenta que han caído en un error: me han detenido por equivocación y aunque trato de explicárselo no me hacen caso.
Sentado en un rincón junto a mi amigo han trascurrido unos quince minutos cuando de pronto unos gritos de dolor nos alarman y asustan. Entonces entra un policía y me jala a la fuerza hacía unas cortinas enormes, al pasar éstas me doy a cara con una escena digna de una pela de polis malos: uno de los tipos que reconocí hace un rato yace colgado de unas sogas que lo suben y bajan hasta hundirlo en el fondo de un barril lleno de agua. El policía me dice que es mi turno y yo ya quiero llorar. Le explico nuevamente que es un error y al ver el terror en mi rostro parece pensar (cosa imposible en un policía, aún no encuentro uno que piense) que se equivocaron, así que me saca de ahí y pide le explique bien. Eso hago y le digo que mi papá es periodista y trabaja en un diario muy importante. Al oír ese detalle el tipo palidece y me desamarra, me lleva hasta un teléfono para que pueda hacer una llamada, la misma que hago a mis padres que no se han enterado de nada aún.

Luego de la llamada me han llevado a otra sala donde me invitan gaseosa y galletas mientras se deshacen en disculpas. Al rato llega mi padre secundado de un grupo de abogados que amenazan con mil demandas mientras un oficial le pide hablar en privado. Luego de cinco minutos regresan ambos y el oficial me pide disculpas y me dice que los policías serán sancionados por sus errores y si hay algo más que pueda hacer por mí, entonces me pregunto si es que aparte de asustarme y joderme, han hecho algo por mí. Le digo que no, que sólo quiero irme. Se vuelve a disculpar y me pregunta si mi amigo se va quedar, le digo que no y me lo llevo abrazado, él sólo sonríe y me dice que ya pasó todo.

jueves, 1 de enero de 2009

DESTRUCCION

Son las siete de la mañana, los sonidos de combas, picos y lampas me han despertado (valga la redundancia) de golpe. No sé qué diablos pasa, de pronto parece que están construyendo un edificio en medio de mi sala, así que alarmado salgo a ver qué pasa, pero mi sala está intacta, ni un rasguño. Cuando caigo en cuenta que los golpes son en casa de mi vecina, decido ir a quejarme por semejante agresión a mi preciado sueño. Toco su puerta y ella alarmada por mi calamitoso estado (mis ojos rojos por falta de sueño hacen perfecto juego con mi torva y feroz mirada, además que sólo traigo puesto una sandalia y el otro pie descalzo) me explica con su tono de voz tan seductor (no puedo negar que ella tiene cierto duende que la hace tan encantadora) que están haciendo unas pequeñas remodelaciones que incluyen todo el servicio de agua y desagüe. Encima me pide (en verdad me lo impone, pero tiene una voz tan sexy que uno ni cuenta) por favor ampliar los trabajos desde mi casa, para que así no vuelva a "colapsar el sistema" claro que yo no puedo negarme y acepto, así que a los cinco minutos ya tengo a tres obreros con aliento alcohólico haciendo añicos el piso de la cocina, les he preguntado cuánto tiempo tardaran, me han dicho que no más de una hora primo.

Claro que ha pasado más de una hora y los tres borrachozos obreros no han hecho sino romper indiscriminadamente y sin ningún sustento técnico el piso. Cuando llega el mediodía y mis nervios están a punto de estallar. me dicen que es hora del refrigerio y me quedan mirando, yo no tengo ni idea, hasta que uno de ellos me pide pal menú pe varón. Obviamente yo no quiero darles ni medio sol pero lo pienso bien y no vaya ser que estos tres resulten de la facción radical de construcción civil y en un dos por tres me tumben el kiosco sin más ni más, así que le entrego unos billetes con la advertencia que vuelvan rápido, me dicen que si. Lo que ahora sé es que antes debí definir "rápido" o comparar conceptos. Regresaron a las dos horas, se sentaron a fumar, eructaron e incluso uno tuvo el atrevimiento de cagar en mi baño, luego hicieron la finta de romper un poco, escarbar algo y cinco en punto, como si tuvieran un reloj en el culo, salieron disparados diciendo que la jornada había terminado y que mañana no vendrían a trabajar, ya que ellos estaban afiliados al sindicato de cons(des)trucción civil e iban acatar la huelga acordada y que estaban de acuerdo en cada uno de los puntos establecidos en su plataforma de lucha y que pobre de mí que contrate algún "amarillo" para que completen el trabajo y así, gritando proclamas a la reivindicación laboral, la justicia social y a Marx, se fueron de mí casa.

Volvieron a los tres días (un sábado) con cara de no haber participado en ninguna huelga sino más bien de haber estado internados en algún prostíbulo-chingana de mala muerte todo el tiempo. Se cambiaron (podía jurar que la ropa de trabajo estaba más limpia que la de diario) y en lugar de retomar el trabajo se echaron a dormir la resaca de lo más frescos, pidiéndome incluso que al salir cierre la puerta porque hace frío pe causa. Se levantaron a la una en punto de la tarde, se limpiaron las legañas y me pidieron que les pague "su semana", yo a esa hora ya estaba odiando profundamente a mi vecina y su seductora voz, así que cogí una de sus lampas y blandiéndola de forma amenazante les dije que tenían media hora para arreglarme el piso y largarse por donde vinieron, ellos al parecer no me creyeron y se lanzaron risitas burlonas entre si, dieron media vuelta y amagaron con marcharse, pero fue el brutal crujido de un hueso roto de su compañero por un certero lampazo el que los hizo desistir de su plan y aterrados ante mi repentina locura empezaron a trabajar de manera frenética pero para sorpresa suya les ordené que en lugar de tapar el hueco lo ampliaran más. Ellos sin saber por qué y meados del miedo me hicieron caso sin chistar. Cuando el hueco era lo suficientemente profundo les ordené meter en él a su ahora desmayado y fracturado compañero, ellos se miraban incrédulos pero ante mi amenaza de romperles un hueso a ellos, terminaron metiéndolo en el hueco, justo cuando estaban agachados dentro del hueco de otros dos certeros golpes desmayé a ambos, procedí a enterrarlos rápidamente, coger cemento, arena y hacer una mezcla para tapar el piso, pulirlo y dejarlo mejor que antes (mejor de lo que hubieran hecho ellos)

Por la noche mi vecina toca la puerta para preguntarme cómo estuvo el trabajo de los obreros, le digo que perfecto, la invito a pasar y verlo, ella queda admirada y me dice que al final salí ganando, pero que se extrañaba que los obreros no hayan vuelto a su casa para cobrarle, le digo que no se preocupe, que yo les pagué incluso de más por tan buen trabajo, ella me dice que soy un encanto, me da un beso en la mejilla y se va dando saltitos como una niñita. Yo me siento un chico malo que ahora duerme con tres muertos en la cocina.

viernes, 26 de diciembre de 2008

ELLA ES DEMOLEDORA

Estamos parados en la entrada del cine decidiendo con que película perder el tiempo, cuando optamos por una (de superhéroes) hacemos la fila para comprar las entradas. De pronto viene una chica enorme y con apariencia de físicoculturista-lésbica y se pone delante de "Y", ella voltea y me mira cómo diciendo ¿y ésta? yo me encojo de hombros, ella la toca por el hombro y le pregunta qué sucede, ella responde con su vozarrón de camionero ex-presidiario:

-Nada, yo estaba acá, sólo que tú no te diste cuenta.

"Y", atarantada por semejante voz decide no prolongar más el asunto. En ese momento nuestra fornida rival decide irse:

-Me llegó esta fila, no la hago más, que la hagan los idiotas.

Nos miramos y sonreímos. Como por hechizo la fila avanza rápidamente y cuando estamos a dos personas de la ventanilla vuelve a aparecer el mastodonte y se vuelve chantar delante de nosotros. Evitando un posible lío, con considerables bajas en nuestro bando, decidimos ignorar los noventa kilos de músculos y anabolizantes que yacen delante nuestro. En eso se suma a la musculosa un personaje pequeñín, de voz aflautada y bigotes ridículos, ella lo besa y parece que se lo va tragar (más que su novio parece su llavero). Luegode comprar las entradas hacemos otra fila para poder entrar a la sala que nos corresponde, para sorpresa nuestra, la paquidérmica cinéfila no está, así que luego de las burlas de rigor decidimos hacer nuestra fila como dos ciudadanos modelos. Cuando estamos por ingresar (al fin) se aparece ella y su títere que parece colgar de su brazo, se nos planta delante sin la menor explicación. Cuando le reclamamos, nos mira furiosa:

-Me da la gana ¿algún problema?
-Ninguno, sigue nomás.


Decidimos retrasarnos apropósito para evitar sentarnos cerca a ella. Cuando hemos considerado que ya debe estar lejos entramos y nos sentamos en una fila de butacas vacías. En el preciso momento que de la pantalla salen las primeras imágenes, aparece la gorda con su bandeja del respectivo super gigante combo number five dando pasos por la estrecha hilera de butacas que ocupamos y justo delante de "Y" tropieza y derrama la gaseosa helada sobre su cabeza. "Y" me mira llena de furia, yo entro en pánico (sé lo que esa mirada significa), pienso en algo para calmarla, me entrega su bolso, la gorda rebuzna:

-Para que te sientas ahí pues desteñi....

La gorda no a podido completar su frase debido a que "Y", en un ágil movimiento que haría qué al mismísimo Jet Li se le cayera el cinturón (negro) de la envidia le ha clavado un furibundo tabazo en el pescuezo que le produce un ahogo con sus respectivos estertores pre-muerte. No contenta con eso la toma del pelo y con una fuerza irreconocible en sus cincuenta kilos, la arrastra fuera de la sala mientras el títere-llavero de bigotes da brincos a su lado gimoteando y tratando de decir algo que a nadie le importa. Una vez fuera la obliga a disculparse, la gorda, llena de sorpresa, espanto y dolor sólo atina a pedirle disculpas, explicándole un supuesto malentendido. Toda la gente que había observado la prepotencia de la gorda aplaude ahora a nuestra justiciera como si fuera el final esperado de la película. Cuando "Y" voltea, aun llena de enjundia, no sé qué hacer, entonces atino a darle su bolso y levantarle el brazo declarándola ganadora por nocaut fulminante, ella sonríe orgullosa y malvada, yo sonrío orgulloso y feliz. No necesito más películas de superhéroes, ya tengo mi propia superheroína.

jueves, 18 de diciembre de 2008

FARSANTE

Todos lo odiábamos, todos nos llenábamos de pica, de rabia y pena cada vez que lo veíamos entrar ya sea apoyado en sus muletas o socorrido por el hombro de algún solidario guardia que se sentía obligado apenas lo veía llegar (con las justas) hasta la puerta del Banco, ese mismo Banco en que nosotros, sanos y jóvenes aún, teníamos que hacer largas colas o esperar que se anuncie nuestro ticket de atención, mientras él, enyesado alguna vez la pierna , otra el brazo, pasaba de frente a ser atendido, incluso por encima de ancianas o gestantes que apenadas le cedían el paso a aquel pobre joven que siempre parecía estar sufriendo un accidente.

Hasta que llegó un malhadado día: mientras esperaba ser atendido, noté me faltaba un documento, así que decidí volver a la oficina. Para llegar rápido tomé un atajo por el que normalmente no iba, fue en ese momento que me percaté de algo que me hizo hervir la sangre de cólera: ahí estaba nuestro ex desvalido, sin yeso, montando una reluciente moto y marchándose feliz de la vida. Dudé un instante en seguirlo e increparle el por qué de su maliciosa actitud, pero decidí guardarme tamaño descubrimiento para una mejor ocasión. Las venganzas hay que pensarlas con la cabeza fría, así se disfrutan mejor.

Al día siguiente, mientras esperaba (una vez más) ser atendido, trabé conversación con una chica que había observado ya varias veces mientras ella miraba con furia a nuestro farsante personaje, le conté lo que había visto y ella alzó las manos como diciendo "lo sabía", me dijo que apenas lo viéramos entrar deberíamos desenmascararlo, luego que mejor no, que lo agarremos a golpes. Le pedí que se calmara, que mejor lo denunciemos públicamente, avergonzarlo sería el mejor castigo, ella quedó en silencio, en su mirada se podía ver como disfrutaba su imaginaria venganza.
Pero pasaron un par de días y el tipo no aparecía, llegamos a la conclusión que me había visto y sentido descubierto, por lo tanto decidió cambiar de Banco, así que mientras ella me increpaba por no haber hecho justicia en el momento exacto, en ese exacto momento apareció él en una silla de ruedas, más enyesado y dolorido que nunca y justo cuando se dirigía a la ventanilla de atenciones especiales, ella se le fue encima como una fiera, le volteó la silla, empezó a patearlo, cuando la gente le preguntó por qué abusaba así, ella grito que el tipo era una farsa, que nada de eso era cierto, que su yeso era de utilería, que para demostrarlo se lo sacaría en ese mismo momento. Dicho ésto, tomó su bota de yeso y empezó a tirar de ella con fuerza, pero más fuerte eran los gritos desgarradores de dolor que daba él ahí tirado en el piso, pero ella no detenía su vehemente accionar. Y fue tanta la brutalidad de su fuerza que terminó arrancándole el yeso, dejando al descubierto -para el horror de todos los ahí presentes- una herida recién suturada y que producto del jaleo estaba sangrando nuevamente.

Ella volteo a mirarme, dijo que yo le había dicho, yo me sentí culpable y justo cuando ensayaba una explicación que sonara lógica, el tipo, ahora casi desmayado de dolor, explicó que si, nos había mentido muchas veces, pero justo ese día que sintió descubierto su secreto, por tratar de huir al voltear la calle se estrelló contra un auto y se rompió la pierna. Eso explicaba los días que no había parecido por el Banco. En ese momento invadió a la gente una mezcla de pensamientos: Si compadecerse de aquel pobre diablo ensangrentado y mentiroso o seguir los trámites bancarios como si nada hubiera sucedido. No tardó mucho el consenso general: seguimos haciendo los trámites, claro que le cedimos el paso a nuestra justiciera, claro que levantamos bien los pies, nadie quería mancharse con la (farsante) sangre del farsante.

jueves, 11 de diciembre de 2008

BLUETOOH (O BLUTÚ)

las últimas noches xx va dormir a casa de nn, su mejor amiga, ella está pasando por un momento personal delicado y él suele acompañarla en las noches, cuando las penas y el insomnio acechan con mas fuerza. ayer, como ninguno lograba conciliar el sueño decidieron beber un vino que ella siempre guardaba para otra (mejor) ocasión. el alcohol los fue librando poco a poco de sus barreras y temores, a la mitad de la botella los ánimos estaban bastante desinhibidos así que se animaron a bailar al ritmo de "Walking with a ghost" de The White Stripes, ella hacía unos movimientos en verdad gráciles y sexys, él mas bien daba unos pasos torpes y descoordinados. en un momento, sin darse cuenta, él estaba detrás de ella tratando de seguir sus pasos y al otro instante estaban enfrascados en un beso profundo y apasionado. aunque algo les decía que eso estaba mal, que antes que nada eran amigos pero la pasión era mas fuerte y terminaron cediendo y amándose varias veces esa madrugada. En uno de esos momentos, quizás el más intenso, mientras le pedía que la llamara puta y lo llamaba papi, ella tomó su celular y empezó a grabar aquel encuentro desmesurado y placentero. cuando todo había acabado, él le pidió ver el video, ella se negó, alegó que era una travesura y que si quería verlo tendría que hacer mucho mérito, él no insistió, la abrazo y se quedaron dormidos mientras calculaba cómo lograr ver ese video.

al día siguiente la invitó a cenar, ella aceptó gustosa, no le pensó mucho, al fin la había invitado a su restaurante preferido. esa noche, luego de cenar pidieron una botella de vino, quizás como buscando un pretexto para amarse nuevamente. en medio de su distraída cháchara ella dijo que le iba mostrar el video pero con una condición: que lo vea cuando esté solo, no delante de ella, le causaba mucha vergüenza alegó. él le pidió su teléfono prestado, mañana te lo devuelvo insistió. ella le dijo que no, que se lo pasaría por "bluetooh", él sacó su celular, ella buscó el video y se lo envió. al rato, cuando la transferencia había terminado y el vino estaba por hacerlo también, empezaron a sentir las miradas curiosas de los demás comensales, incluso notaron las sospechosas apariciones de varios meseros a la vez preguntándoles si deseaban servirse algo más. incómodos por esa repentina arremetida de miradas, decidieron retirarse del lugar, pidieron la cuenta, el mesero que se la trajo apenas pudo contener la risa. cuando ya estaban cerca a la salida, desde una mesa ocupada por jóvenes, sintieron una voz burlona que los paralizó de la vergüenza: chau puta, adiós papi y todo el restaurante, incluidos meseros y cocineros que asomaban por las rendijas, estallaron en una risa generalizada. sólo ahí cayeron en cuenta de lo que había sucedido: al enviar ese video en un lugar cerrado, todos los demás que tenían un celular lo habían recibido también. abochornados por tamaña situación, salieron corriendo, esa noche, antes de amarse, apagaron y escondieron los celulares.

jueves, 4 de diciembre de 2008

FABRICANTE DE MENTIRAS

Él le doblaba la edad. La esperaba siempre en la esquina a la salida de su escuela. Ella no podía evitar sentir una extraña sensación en su cuerpo al pasar a su lado, si bien podía ir por la calle del frente algo la hacía pasar por donde estaba él, siempre con un cigarrillo en la boca. Cada vez que sentía su mirada penetrante, recordaba las palabras de su madre: "Ten cuidado de estar hablando con extraños, hay mucho pervertido en la calle". Esas palabras más que una advertencia le sonaban a una invitación al deseo, una tentación que en muchas de sus noches -cuando el recuerdo de él lograba calentar su cuerpo- la hacía sentirse sucia, entonces sólo rezaba y pedía perdón a dios pero terminaba cediendo a esos oscuros pensamientos.

Pero al día siguiente, cuando la hora de la salida se acercaba ella volvía a sentir ese deseo de verlo, de su mirada oscura vistiendo de deseo su cuerpo. Era el sonido del timbre anunciando el fin de las clases lo que la llevaba a volcarse apurada a la calle, jamás se quedaba siquiera un rato con sus compañeras en esas largas conversas acerca del chico que conocieron o el disco que compraron.

Él esperaba ansioso el momento de verla acercarse con su falda a cuadros, sus medias tan blancas como su piel que iba enrojeciendo a cada paso que daba hacia su mirada. A veces temía que se haga sospechosa su diaria presencia, más de una vez se había retirado cuando alguien daba una vuelta cerca a él, pero más podía su deseo que aquel temor y siempre volvía al lugar, al lugar de su futuro crimen.

Un día, sin ponerse de acuerdo, se decidieron por fin. Ella lo había imaginado toda la noche. Había sido un amanecer especialmente afiebrado, estremecida con el recuerdo de esa mirada tan excitante. Él se había prometido romper sus temores y acercarse a ese fruto prohibido. Cuando ella salió de la escuela no fue hacia él, en cambio decidió cruzar la calle y tomar aquel pasaje desolado que tanto miedo la había dado en el pasado, él -sabiendo que pensaban lo mismo- la siguió cautelosamente. Cuando se encontraron solos, lejos de aquellas inquisidoras miradas, se decidieron por fin amarse, no se preguntaron siquiera los nombres. Fue en medio de ese oscuro pasaje donde ella le entregó lo que tantas veces en noches de fantasía le había entregado ya. Y fue él quien seducido por esa flor, poseyó por fin ese púber cuerpo que tantas veces había deseado.

Ella volvió a su casa con una extraña sensación de felicidad, de ese mal que tan bien le hacia sentir. Cuando su madre la interrogó acerca de esa sonrisa enigmática, ella le dijo que hoy había aprendido la mejor lección de su vida, que nunca había deseado (subrayo imaginariamente esa palabra) tanto volver a la escuela. Él volvió a su casa con la gloria de haber tomado por fin aquel fruto tan ansiado. Desde ese día él la esperaba en el pasaje, desde ese día ella nunca más falto a clases, desde ese día ella cruzaba la calle a su encuentro, desde ese día se amaron perversamente.

jueves, 27 de noviembre de 2008

VISITA

"M" es una de las dos tías que quiero, la recuerdo con especial cariño porque cuando yo era un niño ella tenia la delicadeza de visitarme seguido para cocinarme lo que yo deseara y antes de marcharse dejarme una generosa propina que yo canjeaba feliz por montones de golosinas en la bodega del barrio. Pero la recuerdo sobre todo por algo en especial: cuando niño, fuimos -junto a mi madre y mis hermanos- al Parque de Las Leyendas, a medio paseo surgió, como caído del infierno, un grotesco payaso que en su afán de hacerme alguna gracia me correteó y cuando yo ya estaba al borde del colapso, apareció ella con su brazos generosos y salvadores para rescatarme de aquel monstruo de boca pintada, nariz inflamada y pelo rojizo.

Hace aproximadamente veinte años que no la veo, apenas recibo vagas noticias de ella a través de mi madre. Así que he decidido ir a visitarla, le he pedido a mi madre la dirección, ella me la ha dado junto a una severa advertencia: " mejor no vayas, esta muy cambiada, se ha vuelto una amargada, vive junto a su hermana y a su madre que ya están locas". Haciendo caso omiso a sus advertencias decido ir a verla. Le compro chocolates y flores, tomo un taxi. En el camino me voy poniendo cada vez más ansioso.

Cuando llego a su casa, toco el timbre pero nadie atiende, luego toco la puerta, escucho una voz pedregosa, no me cabe duda que es "I" la hermana de mi tía "M", una vieja antipática y alucinada. Me pregunta quién es.

-Soy J.
-¿Qué "J"?
-El hijo de "R".
-¿Qué "R"?
-Su prima.
-¿Qué prima?
-La hija de "S".
-¿Y qué quieres? porsiacaso no tenemos dinero de la herencia y las tierras ya las vendieron.
-No vengo por eso, sólo quiero visitar a mi tía "M".
-Tienes que esperarte.
-¿No está?
-Sí pero se está bañando.
-Bueno, esperaré.

La infame "I" no me abre la puerta, me hace esperar en la calle. A los diez minutos siento que abren la puerta o empiezan a abrirla, al parecer viven en un bunker: se escuchan muchas llaves, cadenas, cerrojos y demás tipos de seguros. Quien me ha abierto la puerta es "G", la viejísima madre de "M" e "I", cuando voy a poner un pie dentro de la casa ella me detiene, pone un felpudo fuera de la casa y me pide que limpie mis zapatos ahí, luego, para sorpresa mía, saca un spray y me empieza a rociar un liquido en los zapatos que no tardo en identificar: es baygon, un veneno contra insectos. Cuando la miro ahí agachada rociándome su infame veneno siento unos fuertes deseos de estrellarle una patada entre ceja y ceja pero me contengo.

Luego me pide que me saque los zapatos y los coloque en una canasta que hay al lado de la puerta. Ahora descalzo me invita a pasar al comedor, me sirve -en un vaso descartable- agua tibia y se marcha sin decirme nada. Al instante aparece "M" o los retazos de ella: de aquella tía guapa y bien plantada no queda absolutamente nada, me ha costado reconocerla entre esas arrugas y un pelo teñido de un rojo altamente puteril, pero me ha costado más fingir una sonrisa de felicidad. La verdad es que en ese momento me arrepiento de no haberle hecho caso a las advertencias de mi madre.

-Qué tal tía ¿cómo está?
-No me ves hasta las huevas, ¿estás ciego, te haces al cojudo o te llamas Ramón?
-Bueno tía en verdad yo no la veo tan mal.
-No me mientas, seré vieja pero no cojuda.

Me desconcierta, no sé qué decirle.

-Le he traído chocolates y estás flores.

Coge las flores y las tira a la basura sin el menor reparo, en cambio los chocolates los abre y empieza a devorar manchándose grotescamente la boca y a ponerse súbitamente roja, por un momento parece la abuela de aquel payaso que me correteó de niño, en ese momento quiero que aparezca mi joven tía "M" y me salve de esa horrible claun.

Se acaba los chocolates, una mosca se posa sobre su cara manchada de chocolate y ella no hace nada por espantarla.

-¿No tienes más?
-Bueno no, pero prometo traerle más la próxima.
-La próxima que vengas quizá ya esté muerta.


Tú ya estás muerta, hasta las moscas se posan en ti, pienso.

-No hable así tía.
-Yo hablo como me da la gana, no seas insolente.
-Disculpe.
-Bueno, al grano, ¿Qué te trae por acá?
-Sólo quería visitarla y saber cómo estaba.
-Bueno, ya has visto como estoy, más cagada que palo de gallinero.
-Yo no creo...
-¿Deseas algo más? ni esperes que te invite almorzar, acá ya nadie cocina, sólo nos traen la comida del comedor del barrio.
-No se preocupe.
-No, si no me preocupo, en verdad me da igual, sólo quiero que no esperes almorzar ni que te invitemos algo, ya te dieron tu vaso de agua, confórmate con eso.
-Sí, muchas gracias.


Se produce un silencio tenso e incomodo, ella me mira como esperando que me vaya de una vez, no me deja opción, me inclino para ponerme de pie.

-Bueno tía, me retiro.
-Ya era hora.
-Ha sido un gusto.
-Te he dicho que seré vieja pero no cojuda, ¿qué gusto va ser ver a tres viejas que están hasta el culo?


No soporto más, termino de ponerme de pie, para su sorpresa la abrazo y le digo gracias, te quiero mucho, ella me pellizca el brazo y me dice que me vaya, que olvide esa visita, que por favor nunca más vuelva. Salgo, me pongo mis envenenados zapatos, decido caminar un poco, entiendo su mensaje: no quiere que la vea ahora que está vieja y jodida, quiere que la recuerde cuando era joven y alegre, eso me prometo, sólo eso voy a recordar.

jueves, 20 de noviembre de 2008

BACKSTAGE

CIEGO AMOR: Caminaba pensando en el color de los ojos del avestruz cuando de pronto me tope con una chica que recogía un gato maltrecho de un basural, me conmovió su actitud y decidí imaginar cómo serían las cosas luego entre ellos. Hasta ahora me arrepiento de no haberle hablado.

MALA CITA: Un amigo me contó que había ido a una cita con una chica que sólo conocía por msn y todo el tiempo la había alucinado (palabras textuales) como una “yeguaza”, plancha quemada, le tocó una elefantaza. La solidaridad amical me llevó a escribir algo tratando de vengarlo, no sé si lo logré.

LOCOS: Una vez un loco me siguió dos calles enteras y cuando me alcanzó me dio un papel que él juraba se me había caído. Yo que no estoy para contradecir a un colega lo acepté callado y me fui sin más.

VENGANZA A COLORES: Yendo a recoger a mi hijo del cole me tropecé con un tío de lo más quejón que le reclamaba a un padre y su asustado hijo por el mal comportamiento de éste lo cual me pareció una cobardía enorme. Me fui odiando profundamente a ese tío panzón e insolente. Lo demás ya está escrito.

DE COMPRAS: Esto es sencillo ¿no odian a las mujeres que se demoran una eternidad para comprar un par de medias? esa historia fue mi pequeño desquite.

DIA V: La historia es muy cierta salvo la parte del beso que es (era mejor dicho) un anhelado secreto mío. Cada vez que recuerdo esa rara incursión dominguera a la sierra de Lima no puedo evitar reírme de buena gana.

DIA V

Es media mañana del domingo, me acabo de encontrar con V, hemos quedado en ir a visitar a "Timo", su tío ("hemos quedado" es un decir, ella lo decidió y aunque yo no quería no pude negarme). Vive en una hacienda fuera de Lima. Llegamos luego de una hora de camino, toca la bocina para que abran las rejas y al instante -alguien que no logro ver- las abre y entramos, se estaciona a un lado y caminamos hacia donde su tío que está tirado sobre la hierba y a la vez está que se la fuma. Es un tipo flaco, larguísimo, de piel roja y unos enormes rizos dorados que asemejan unos resortes sobre su cabeza, parece vivir un Woodstock eterno: sólo trae un bóxer, los pies llenos de barro y un porro en la mano. Cuando estamos frente a él se pone de pie, le da un fuerte abrazo y un beso, a mí me mira con curiosidad y me alcanza el porro, le doy dos caladas y se lo devuelvo. Mejor saludo para conocernos no puede existir.

Luego de una breve charla sobre la familia (Timo es hermano de su padre pero al contrario de éste, V lo quiere mucho: él la crío un tiempo y le prodigo una enseñanza llena de libertades y sin convencionalismos) llaman a Cesáreo el encargado de la hacienda que vive eternamente enamorado de V. Al instante aparece: es un tipo cobrizo, de metro y medio. un cuerpo robusto y curtido por tantos años a cargo del lugar, su rostro asemeja una roca, sus cabellos trinchudos parecen unas púas listas para embestir. Saluda a V con una reverencia, es obvio que su presencia lo pone nervioso en cambio a mí me estrecha la mano con dureza, cuando ella le dice -con el único afán de molestarlo- que soy su "pretendiente", él parece enfurecer aún más y trata de destrozarme la mano, Timo mira la escena chino de la risa (y chino de tanto porro). Cuando V le pide que traiga dos caballos, recién me suelta y dibuja una sonrisa diabólica. Ahora mi temor es otro: traerán caballos, V quiere montar, quiere que yo lo haga, yo no quiero, no puedo negarme, auxilio!!!!.

A los cinco minutos aparece Cesáreo trayendo dos caballos: uno es blanco con negro y tiene un porte esbelto, el otro es marrón y es a primera vista un animal chúcaro, hostil. Obviamente el primer caballo es para V y el segundo para mí. Ella lo monta con una destreza única, parece toda una amazona, yo no puedo siquiera subirme al mío, Cesáreo se acerca a "ayudarme", me da unas indicaciones ininteligibles, lo único que le entiendo es "ya te jodiste blanquiñoso de mierda", sus palabras me suenan a sentencia. De pronto V sale disparada en su corcel y para sorpresa mía el caballo originalmente chúcaro se ha transformado en uno dócil que avanza con pasos elegantes y señoriales, miro a Cesáreo con sorna, él no se inmuta por el contrario me lanza una mirada malvada. De pronto el caballo parte en una violenta carrera sin rumbo, no tengo ni la menor idea de cómo detenerlo, trato de buscar el botón de "stop", pienso sino hay un puto manual que indique cómo detener esta bestia, sólo al escuchar un silbido de Cesáreo el animal se detiene bruscamente y yo salgo disparado hacía adelante dando de cara contra la hierba e inmediatamente llega V asustada. Me sangra la nariz, Cesáreo también está a mi lado, me dice que soy un tonto, que no seguí sus indicaciones, Timo sufre de otro compulsivo ataque de risa, me siento humillado.

Llega la hora del almuerzo y pasamos a la cocina donde hay una enorme mesa de madera, la cocinera (y mujer de Timo a juzgar por la manera como le pellizca las nalgas) es Dorita, una mujer de aproximadamente 40 años y una palidez asombrosa. Mientras esperamos que sirvan, Cesáreo se ha remangado la camisa y me ha retado a medir nuestra fuerza con las manos, yo me niego, Timo saca un billete de veinte soles y los apuesta a Cesáreo, V saca uno de cincuenta y los apuesta por mí, es tarde, ya no puedo negarme. Como era de presumir, Cesáreo me ha derrotado inmediatamente, casi me ha partido la muñeca, una vez más me ha humillado, una vez más cree que así conquistará a V.

Ahora nos sirven la comida, Dorita ha preparado una Carapulcra riquísima, claro que no puedo hacer ese comentario delante de V, con ella puedo hablar de todo, elogiar a quien sea pero si hay algo que está absolutamente prohibido para mí es alabar cualquier tipo de comida que no haya sido cocinada por ella. Sé que si lo hago se enojaría mucho y no me hablaría en mucho tiempo. V cocina demasiado bien y no soporta que alguien lo haga mejor que ella, si es que acaso eso fuera posible. El almuerzo ha transcurrido mientras contábamos anécdotas y disfrutábamos de un excelente vino, cuando terminamos, salimos y nos echamos sobre la hierba Timo, Dorita, V y yo.

Timo saca (una vez más) unos porros, los enciende y nos lo va pasando, fumamos lentamente mientras vemos como cae la tarde y empieza oscurecer, en nuestra alucinación empezamos a imaginar figuras con las estrellas, creemos haber descubierto un perro, un gato y hasta un correcaminos. Cada vez que "encontramos un nuevo animal" Timo estalla es un ataque de risa que deriva en un feroz ataque de tos que lo hace ponerse mas rojo de lo que ya es. Al rato, empachados de comida, drogas y risa nos quedamos dormidos. Cuando despierto V está abrazada a mí, murmura entre sueños, se despierta al instante, me mira feliz, me dice que gracias y besa mi nariz, yo beso sus ojos, la abrazo fuerte y siento que la adoro, que nunca quiero perder a una amiga como ella, que tengo el privilegio de haberme cruzado en su camino, soy absolutamente feliz en ese pequeño instante, la felicidad dura lo que tardamos en separarnos.

Se pone de pie y me dice que es hora de irnos, Timo ya está fumando otro porro, Dorita sigue dormida. Nos despedimos de él, subimos al carro, cuando estamos saliendo aparece Cesáreo para abrir la reja, me mira todo triunfador, V detiene el carro y se baja, nos llama a ambos, cuando estamos los tres juntos ella me besa sorpresivamente, no es un amistoso beso en la nariz o la mejilla, muy por el contrario, es un beso apasionado y lúbrico, deslizo mis manos por su cuerpo, cuando nos separamos puedo ver un odio bíblico en los ojos de Cesáreo, me acerco y le digo al oído "ya te jodiste tu huevón". Subimos al carro y nos marchamos mientras miro encantado a V que me ha vengado, lo ha hecho con la crueldad necesaria para estos casos, me siento orgulloso de tener una amiga tan solidaria y cruel, siento que la adoro. Ella me mira cómplice. Pone "Do You Love Me" de Nick Cave y me dice"no te la vayas a creer huevón". Jamás me la creería, te quiero mucho como enamorarme de ti, pienso. El camino de vuelta es largo y oscuro, ya no nos decimos nada, no es necesario, ya lo sabemos todo.